Tras casi dos
décadas de dominación total y absoluta por parte del monstruo más grande que
jamás haya pisado una cancha de baloncesto, la NBA llegó a 1998 y de repente se había quedado
huérfana. Tras años disfrutando de sus jugadas, de sus mates, sus tiros en
suspensión, su control total y absoluto sobre todos y cada uno de los partidos,
Michael Jeffrey Jordan se retiraba de la
NBA .EL hueco que dejaba atrás tardaría mucho tiempo en
volver a ser llenado. Sin duda todo el mundo iba a echar en falta al mejor jugador de todos los tiempos. Se iba un tipo
que revolucionó la mejor liga del mundo, que llevó este deporte a los salones
de muchos hogares no-americanos. Pero no
iban a esperar mucho tiempo los seguidores más acérrimos de este deporte en
recuperar la sonrisa que provocaba Jordan con cada genialidad.
Porque, como
todos los grandes, el de Carolina del Norte creó escuela. Sus mates llevaban
años siendo imitados por los jóvenes universitarios de todo el país, tanto en
la calle como en las canchas universitarias. Y pronto llegaron rumores a la
liga de un joven de Florida capaz de hacer cosas en el aire que nadie había
realizado antes. Decían que volaba más y más alto que el mismísimo MJ.El espectáculo no hacía más que comenzar de nuevo.
Con 1.98 m de alto y 98 Kg. de peso, llegó en el
año 98, el año del asterisco, Vince Carter a la mejor liga del mundo. Ya en sus
años de High School en sus entrenadores conocían su extraordinaria capacidad de
salto, poco común entre los jóvenes de su edad. En la Universidad de North
Carolina( la misma en la que estudió Jordan)fue una de las figuras más
destacadas de la liga universitaria, haciendo dupla con Antawn Jamison, un
clásico entre los clásicos. Con este cartel de presentación llegó Vince Carter a la mejor liga del mundo
en el año del lock-out. Elegido en el número cinco del draft del 98 fue
inmediatamente traspasado a los Toronto Raptors desde Golden State Warriors, el equipo que lo
eligió. En la temporada de los 50 partidos el escolta rápidamente se hizo notar, llevándose el galardón al
Rookie del Año tras promediar unos estupendos 18.3 puntos, 5.7 rebotes y 3
asistencias. Y es que pronto muchos reputados periodistas alzaron la voz
comparando sus vuelos con los del legendario 23.A la prensa americana le
encanta hacer este tipo de comparaciones, y muy rápido aparecieron los primeros
titulares nombrando a “Vinsanity” como el heredero de Jordan. Han sido
innumerables los jugadores que han sido comparados con él, con el único e
inigualable desde que se fue por la puerta más grande. Pero el primero en ser
comparado fue un escolta con una espectacular capacidad de salto, que jugaba
con su primo en los Toronto Raptors, y que llevaba el número 15 a la espalda. La
confirmación de estas comparaciones llegó al año siguiente, en la segunda
temporada de nuestro amigo Vicente .Recién empezada la temporada, nadie sospechaba
lo que, unos meses después iba a suceder, un fin de semana, en la ciudad de
Oakland. Y es que se hablaba de un nuevo
rey del aire, de alguien que podía emular a Michael, o incluso superarlo, en
cuanto a los vuelos a canasta se trataba.
Carter,
conocedor de su gran don para saltar a canasta y hundir la pelota dentro del
aro, se había pasado gran cantidad de momentos de su infancia fijándose en los
míticos concursos de mates protagonizados por Michael y Dominique Wilkins. Y en
el All Star del año 2000 llegó la consagración de este individuo como una gran
estrella de la liga.
El Slam Dunk
Contest de Oakland en el año 2000 es, sin duda, uno de los mejores (si no el
mejor) concursos de mates de toda la historia. Realmente no hubo una lucha disputada por el título del
concurso, pero una sola figura eclipsó a todas las demás estrellas que se
presentaban, dejando varios momentos para la historia. Juzguen por sí mismos si
esto es posible, si es cienftíficamente posible de ejecutar, si la ciencia, la
física, o la anatomía humana permiten cosas como esta.
¨"It´s
over,ladys and gentlemen, it´s over" decía Kenny Smith (popular
comentarista de la NBA)
tras el mate pasándose el balón por debajo de las piernas.Y es que el Señor
Vicente nos enseñó ese día a todos que el límite no estaba en Michael Jordan.Si
Michael nos había enseñado a volar , este tío manejaba un boeing 747.Y sin esfuerzo
aparente.Ese concurso marcó un antes y un después en la carrera baloncestística
de Vince Carter.Y no por ello pararía de dejarnos momentos para el recuerdo.Ese
mismo año se celebraron los Juegos Olímpicos de Sidney ,y Vinsanity se dedicó a
destrozar aros rivales con su inhumana capacidad para saltar. Otra jugada
inolvidable, otro vuelo sin motor. Cosas al alcance solo de los extraterrestres
de este deporte .De esta forma el número 15 de los Raptor justificó las
comparaciones que se venían haciendo entre el y el 23 de los Chicago Bulls
Un aspecto
curioso de la carrera de este bicho es la presencia de su primo en el mismo
equipo que él, en la misma liga. Muy pronto se hizo famosa la dupla de los dos
primos en Toronto, haciéndoles entrar en playoffs en el año 2000, su segunda
temporada como Raptor. Pero al caer eliminados en la primera ronda ante los
Knicks, las críticas hacia Vince y acaparador estilo de juego no se hicieron
esperar. Su primo T-Mac , buscando un mayor protagonismo que en Toronto no
tenía, se fue a Orlando ese mismo año ,dejando a Carter como principal
referencia del ataque de los canadienses.
A pesar de
lograr altas medias de anotación en los siguientes años, la historia se repetía
una y otra vez, llegar a playoffs y perder llegar a playoffs y perder…De este
modo Vince solicitó ser traspasado en la temporada 2004-2005. Y es que estaba
uy solo en la franquicia, y harto de esperar a que nuevos refuerzos llegasen,
forzó su salida a los New Jersey Nets, donde formó dupla desde el año 2006 con,
quizás, uno de los mejores bases de los últimos diez años, si no entre los dos
mejores: Jason Kidd.
El juego de
Vince no solo estaba caracterizado por su profusión a la hora de machacar sobre
el aro rival, si no que contaba con muchos otros recursos que le permitían cada
año mantener buenas medias anotadoras, y de vez en cuando realizar actuaciones
tan espectaculares como esta.
Un constante a
lo lago de toda su carrera fueron las lesiones. Tales eran estas que solamente
una temporada consiguió cerrarla jugando todos los partidos, perdiéndose en
algunas un número considerable de encuentros. Así, con el paso de los años
Carter fue perdiendo explosividad, que no efectividad. Su gran corpulencia y su
envidiable físico en los primeros años le otorgaban innumerables ventajas a la
hora de encarar a rivales que jugaban en el mismo puesto que él, sobre todo en
el poste, donde su tiro en suspensión era prácticamente indefendible. Pero con
el paso del tiempo cada vez ha ido pisando menos la zona, y aún así mostrando
una gran fiabilidad desde el perímetro. Sus elevados números en cuanto
anotación en su carrera hasta el año 2008 aproximadamente, lo demuestran,
manteniendo en cada temporada una media superior a los 20 puntos por partido.
El héroe de
Oakland es uno de los jugadores que marcaron mi infancia con esas jugadas en
aquel mítico concurso de mates, hasta tal punto que no pude resistirme a
agenciarme un ejemplar de su camiseta con los Nets en el año 2005.Quizás haya
sido el jugador que por primera vez me hizo interesarme por este deporte. Al
ver sus mates en los top 10 de cada jornada, me preguntaba siempre si aquello
era posible. Si, ciertamente, el fornido escolta estaba volando por encima de
todos los jugadores de la pista, haciendo mates imposibles, dejando su huella
para siempre en la mejor liga del mundo.
Pero tras muchos años tratando de conseguir algún título de la NBA en los New Jersey Nets,
fue traspasado a los Orlando Magic. Ahí comenzó el declive de uno de los
monstruos de este deporte en los últimos quince años.
Con el paso de
los años las lesiones, la fama, el dinero y la buena vida han ido rebajando
poco a poco sus números, sus prestaciones, sus vuelos sin motor. A pesar de
ello, tras varias temporadas vagando por diversas franquicias continúa en
activo en los Dallas Mavericks, jugando buenos minutos como suplente. La
mediocridad y la desgana se han ido apoderando de este pedazo de jugador que cada vez ve más cerca el fin de su
carrera sin haber logrado ningún éxito. Su caso me recuerda al de tantos otros
deportistas que se han dejado llevar por la buena vida, el placer, el
vicio...
Ver jugar ahora a Vince Carter es un mero espejismo de lo que realmente
llegó a alcanzar este individuo. Poco a poco sus muelles han ido perdiendo
potencia, y su capacidad de salto ya no es la que era. Pero claro, el cielo
solo está reservado para unos pocos elegidos, para aquellos que a pesar de
contar con el don natural, son capaces de mantenerse constantes. Esa es la gran
diferencia entre los más grandes y el
resto. En el All-Star del año 2003 Michael Jordan disputaba su último Partido
De Las Estrellas como profesional, y el propio Vince Carter le cedió su sitio
como titular en este partido. Ese reconocimiento general, ese respeto y
veneración es algo que solo los más grandes han sido capaces de lograr.
Vince Carter
nunca consiguió ningún título de máximo anotador, ni tampoco ningún MVP de la
temporada. Tampoco fue capaz de lograr un anillo en todos estos años, aunque
también hay que decir que le ha tocado jugar en una época repleta de estrellas
que seguramente pasen a formar parte del Hall Of Fame en cuanto se retiren .Ahora, en el ocaso de su
carrera el de North Carolina mira hacia atrás y no ve una carrera plagada de
logros, pero sí que puede capturar ciertos momentos para el recuerdo, que
quedaran en la retina de todos los aficionados de este deporte. Yo,
personalmente, recordaré con mucho respeto tantos momentos brillantes, mates
espectaculares que nos hicieron saltar del sofá y gritar como posesos a las
tantas de la madrugada, jugadas estratosféricas que nos pusieron los ojos como
platos. Porque Vinsanity no ha sido uno más de las gallinas del corral.
Alguien dijo
una vez “the sky is the limit” .Para El célebre número 15 quizás realmente lo
fue, durante un corto período de tiempo en en los que no ganó prácticamente nada, pero que dejó boquiabiertos una y otra vez
haciendo cosas nunca vistas ni imaginadas por ningún otro jugador de este
deporte.




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