viernes, 24 de mayo de 2013


EL ORIGEN DE LAS ESPECIES ( O EL BALONCESTO SEGÚN DARWIN)




"Renovarse o morir" solemos clamar cuando algo se queda anticuado, pasado de moda, en desuso. Es la esencia de la vida, el progreso de unos obliga  a otros a innovar, a buscar soluciones para continuar siendo competitivos, o a emplear los mismos métidos par estar a la altura de los competidores.
El baloncesto actual también está imbuido de este paradigma de evolución y de avance. De una etapa a otra a lo largo de los últimos cincuenta años se puede constatar como los equipos o los sistemas de juego  que marcaron una época acabaron siendo tendencia, adaptados por unos, reformulados por otros. Muchos hablan de que esta es la época dorada de los bases, de que ahora se juega con hombres más pequeños, que nunca ha habido tantos y tan buenos bases en la NBA. Todo ello son realidades constatables y reales. El baloncesto ha evolucionado en las últimas décadas. Los hombres altos tienen cada vez menos relevancia en los sistemas de ataque de los equipos. Bien es cierto que ningún equipo prescinde de ellos, eso sería como querer dar la vuelta al mundo sin provisiones en la bodega. Pero su importancia en el juego, y esto es una realidad, ya no trasciende como antaño. Tal y como ahora proliferan los bases entre  todos los equipos de la liga ( hasta los taimados Wizards cuentan  con una superestrella como John Wall) en las últimas décadas la figura de " el pívot" era de crucial trascendencia en todas las facetas del juego. Pat Ewing, Olajuwon, Charles Barkley, David Robinson, Shaq, Karl Malone,Kevin Garnett, Tim Duncan... Son algunos de los nombres de lo grandes pívots de finales de los ochenta hasta la actualidad, hombres que dominaron la liga y cuya importancia fue crucial a la hora de tener opciones de optar al anillo. No solo es que fueran importantes para su equipo, es que realmente ellos ERAN el equipo. Por los pívots pasaban gran parte de las opciones de un equipo para proclamarse campeón. 






En este ámbito todos los equipos trataron de moverse para procurar tener un jugador de esas características, un tipo que con su altura y su exuberancia física pudiera suponer un referente dentro de la cancha. Como en cualquier otro ámbito de la vida, cuando los pívots eran las estrellas del cotarro, todos los jóvenes querían ser como ellos. De esa forma los jóvenes pívots procedentes del college trataban de absorber todas y cada una de las habilidades de aquellos que consideraban sus referentes: el juego de pies de Olajuwon, la potencia de Shaquille O´Neal, los fundamentos de Tim Duncan y  de David "El Almirante" Robinson. De esta manera, y aunando los recursos de otros jugadores han aparecido en la liga hombres altos como Pau Gasol, Chris Webber, Ben Wallace, Dwight Howard, Dirk Nowitzki... Muchos y estupendos jugadores, pero cuyo estilo cada vez incorpora más facetas que la del 5 de antes. Si ir más lejos, el ejemplo de el alemán Dirk Nowitzki es de rigor. Un hombre alto (2,15)  cuyo juego está prácticamente basado en el tiro de media distancia. Y le ha dado resultado.
 Pero la cosa no queda aquí. Los últimos quince años no solo han sido la época de decadencia de los grandes pívots de antes, del aumento exponencial en la cantidad y calidad de bases por equipo, sino que también han sido la era "post" Michael Jordan. Para qué hablar del influjo del (posiblemente) mejor jugador de todos los tiempos. El estilo de juego de MJ se ve reflejado en todos los escoltas y aleros de los últimos 15 años, en múltiples facetas y aspectos del juego: desde  Carmelo Anthony, Kobe Bryant, Tracy Mac Grady, Vince Carter (ambos ya para el arrastre), Kevin Durant, Dwyane Wade,etc. Incluso en el propio Nowitzki se pueden comprobar la influencia de Michael Jordan, en ese característico tiro en suspensión a media distancia, quizás su arma principal a la hora de producir canastas. Este movimiento que Michael Jordan popularizó, sumado a su altura, hacen al alemán prácticamente indefendible.







Pero más allá de pívots versátiles, bases de todos los colores, anotadores compulsivos, matadores, taponadores, reboteadores, asistentes... Más allá de todos ellos se encuentra el último escalón de la cadena evolutiva baloncestística. Un jugador capaz de hacer todo eso a la vez, y hacerlo todo bien. Anotar como el que más desde cualquier posición de la cancha, rebotear casi tanto como cualquier otro pívot, asistir como el mejor de los bases (muchas veces más incluso)...etcétera, etcétera, etcétera.




No hay más que ver cualquier partido de Lebron James para comprobar su absoluto dominio del juego, en todas las facetas. Entre los fans, analistas, expertos y seguidores de la mejor liga del mundo ya no hay discusión. Lebron James no tiene rival.Ya que estamos hablando de la evolución del juego veamos el avance de LJ desde que llegó a la Liga en 2003. Y no solo llegó para quedarse, llegó para dominarla.
Por empezar de algun forma, lo que llama principalmente la atención del juego de LJ es su exuberancia física. Este es un aspecto por el que puede considerarse un privilegiado. Pocos cuentan con esa potencia y resistencia para jugar al máximo nivel durante todos los partidos de la temporada.Con esa capacidad natural es relativamente sencillo para él promediar los rebotes que promedia por partido. Es aquí además donde destacamos sus características como anotador.  Lebron James siempre ha sido principalmente eso, un jugador capaz de meter muchos puntos y con mucha facilidad, pero a lo largo de su carrera ha conseguido incorporar nuevas facetas a su juego, de forma que ahora no solo es capaz de anotar gracias a su poderoso físico en transiciones rápidas y en entradas a canasta o tiros en suspensión, si no que ahora es capaz de anotar desde cualquier zona de la cancha, ya sea desde el triple, desde el poste bajo, con la izquierda,  de gancho... Es el jugador total en ataque. El verano de 2011, tras perder con los Dallas MAvericks en las finales de la NBA dedicó una semana a entrenar de forma intensiva con el célebre Hakeem Olajuwon su juego en el poste y su juego de pies.



Incluido cinco veces en el mejor quinteto defensivo de la liga, también demuestra su compromiso para con el equipo,que defiende duro y que lo hace como el que más. Su influencia se proyecta en todos los aspectos del juego, y eso es lo que más asusta de Lebron James, su evolución conforme pasa el tiempo. La vieja crítica de que no aparecía en los momentos importantes de los partidos y de la temporada está más que denostada, vistas las exhibiciones de las dos últimas campañas.Ha ganado dos MVP´s en Miami en estas dos últimas temporadas, pero ya ganó otros dos consecutivos  en Cleveland cuando se suponía que estaba sobrevalorado. Y por supuesto, además de todas las facetas del juego ne las que destaca,Lebron se alza sobre los demás jugadores de su equipo como un auténtico líder, una auténtica bestia en la que todos los aficionados y jugadores de los Heat confían para que este año vuelva a llevarles a la consecución del segundo anillo consecutivo. Más allá de poder perder algún partido aislado no parece que alguno de sus contrincantes pueda hacerles frente. Muetsra de ello es esta estratosférica actuación de King James en las Finales del año pasado ante los Thunder de Kevin Durant, Russell Westbrook y James Harden, tres superestrellas del baloncesto actual, pero que frente a una fuerza de la naturaleza como ante la que estuvieron en las Finales por el título, poco tuvieron que hacer.



 En mi opinión el futuro del baloncesto no está en los bases, no está en los pívots,ni tampoco en los grandes anotadores. Lebron James se ha dado cuenta de que cada vez es más importante saber hacer de todo, por eso mejora cada año, por eso puede jugar con y contra jugadores en cuatro (o incluso cinco) posiciones distintas, y por eso es tan capaz de aporta al equipo subiendo el balón y organizando como llevando al poste a su par y aprovechando su visión de juego y su potencia física. Sus espectaculares números tienen más mérito aún si se considera que es líder también en el ranking de eficiencia,empleando menos tiempo que otros en conseguir unos números estratosféricos.  Por eso la otra gran estrella (y amigo de Lebron James), ya ha empezado a preocuparse no solo por la faceta anotadora, si no a buscar como ser eficiente en muchos otras facetas en las que muestra carencias, como por ejemplo la dirección del juego o las asistencias.  Otros jugadores, como Paul George de los Indiana Pacers ya reúnen esas cualidades de versatilidad, y su enorme proyección y potencial le auguran un buen futuro en la liga. Existen muchos y muy buenos jugadores, superestrellas cuyo espectacular juego en otro momento marcaría la diferencia. Sigue habiendo jugadores que dominan facetas determinadas del juego, pero el siguiente nivel que representa Lebron James no parece alcanzable por muchos. Según " El origen de las especies" de Charles Darwin los individuos menos adecuados para el medio ambiente tienen menos probabilidades de sobrevivir, por lo que el proceso de selección natural irá eliminándolos. Con un jugador así, que domina todas las facetas del juego como nadie, parece difícil que algún conjunto pueda lograr derrocarles del trono de la liga si no cuentan con una superestrella con la versatilidad de Lebron James.
Muchas otras estrellas habrían de tomar ejemplo de el afán por  mejorar su juego y adquirir nuevas aptitutes. Ya no por mero afán de conocer, de aprender nuevas cosas. Más que nada por cuestión de supervivencia, porque el juego evoluciona, y porque los tiempos cambian.Porque cualquiera que quiera tener mínimas opciones de optar a algún título tendrá que contar con jugadores que dominen varias facetas del juego, y no solo una como en las últimas décadas. Antes los equipos se conformaban en torno a una figura que sabía hacer una cosa, y sabía hacerla mejor que nadie. Poco a poco el baloncesto, como la vida misma, como el hombre, como todo, va evolucionando, y cada vez es más necesario mejorar.
Lebron James es el presente y el futuro del baloncesto mundial. El último escalón de la cadena. Y el primero de la próxima.  Como dijo Russell Crowe en la archiconocida película Master and Commander, " En qué era tan fascinante vivimos".





viernes, 15 de marzo de 2013


El triple: ¿Es realmente un arma efectiva?



Desde el año 1984 el tiro más allá de los 7,25 metros se valora en la NBA como un lanzamiento de tres puntos. Desde entonces los equipos han ido incorporando poco a poco esta efectiva arma a  sus esquemas de juego: primero de forma residual y esporádica, después entrenando específicamente en esa faceta a algún jugador del roster ( el triplista), que se convierte en el especialista de esta faceta del juego. Steve Kerr, Craig Hodges o Toni Kukoc han sido varios de los grandes tiradores de los años 90. Pero desde los inicios del milenio la importancia del triple ha adquirido un nivel superior, ya no solo un jugador está capacitado para lanzar a canasta más allá de la línea de tres. Los Suns de Mike D´Antoni y Steve Nash, los  Kings de Stojakovic, Jason Williams y Chris Webber, los Sonics de Ray Allen y Rashard Lewis... Son solo unos pocos ejemplos de equipos con enormes tiradores, equipos que al no poder contar con jugadores interiores de garantías se adaptaron a los tiempos, y se hicieron con jugadores jóvenes, prometedores, y con un talento especial para el lanzamiento exterior.
Actualmente no hay equipo en la liga que no cuente con el triple como arma importante en su esquema de ataque. Es cierto que unos más que otros, obviamente, pero las grandes estrellas y  la mayoría de los equipos cuentan con grandes tiradores, con jugadores que basan gran parte de su juego en el lanzamiento exterior.
Siendo un lanzamiento lejano mal utilizado puede resultar inútil, pero integrado en un esquema adecuado y con buenas jugadas que permitan tiros fáciles y bien seleccionados puede ser un arma letal. De este modo, muchas veces no quiere decir que por más triples que un equipo meta va a conseguir mejores resultados, aunque es posible que metiendo muchos lanzamientos exteriores los resultados sean óptimos o favorables para el equipo en cuestión. Comparemos en algunos equipos actuales de la NBA la relación existente entre  porcentaje de acierto de triples, triples anotados, y posición en la clasificación de conferencia. Compararemos dos ejemplos muy parecidos, dos equipos que meten una gran cantidad de puntos, uno con triples el otro con otros recursos.

Según las estadísticas de NBA.COM, el equipo que más triples ha metido hasta el momento son los Houston Rockets, con 1881, con un porcentaje de acierto del 37.4%, el sexto mejor `porcentaje de la liga, y con un porcentaje de tiros de campo del 46.5% , el sexto también del total de los equipos de la liga. Además, son también el equipo que más puntos anota, con una media de 106.9 puntos por encuentro. Estos datos indican que nos encontramos ante un equipo que además de mover bien el balón y encontrar con facilidad tiros sencillos para los tiradores exteriores,  cada partido consigue tirar muchas veces anotando muchas canastas. De hecho,  cuatro de sus cinco máximos anotadores juegan por fuera, siendo Omer Asik el único jugador interior que promedia dobles dígitos en puntos por partido (10.8).  Sin duda estas estadísticas se vienen abajo cuando al fijarnos en la clasificación a los Houston Rockets solo les vale para situarse en la séptima plaza de, eso sí, una disputadísima conferencia Oeste. Pero, ¿qué sucede si atendemos a la variable “equipos con mejor porcentaje de tiros de tres”? ¿Encontraremos algún cambio en cuanto a los datos que los Houston Rockets nos han podido servir como ejemplo aislado? Veremos.

Según las estadísticas de la liga, el equipo con el mejor porcentaje de acierto en tiro de tres es Golden State Warriors (el sexto equipo en triples anotados y en la clasificación general de la Conferencia Oeste), con un porcentaje del 39.8%. Pero el segundo mejor porcentaje de tiros de tres lo ostentan los Oklahoma City Thunder, con un 39%. El equipo de Kevin Durant, sin embargo, no son ni de lejos la franquicia que más tiros de tres anotan, siendo el décimo equipo en cuanto a número de triples anotados, con 494. Estos datos, comparados a los de los Houston Rockets hablan de un equipo mucho más maduro, que sabe aprovechar mucho mejor sus recursos, y con una variedad mayor de plantilla. Los Thunder son un equipo que, como los Rockets, no se caracterizan por emplear en ataque su juego interior en exceso. Aunque este año el congoleño Serge Ibaka haya mejorado sus prestaciones en cuanto a lanzamiento, tampoco goza de numerosas oportunidades .Al igual que los Rockets, son un equipo que anotan gran cantidad de puntos, los segundos de hecho (106.5 puntos por partido). El estado físico de sus jugadores es impecable, con dos estrellas consolidadas, comprometidas y que juegan a otro nivel. Russell Westbrook ha dado un paso adelante este año, y está tirando mejor, asistiendo más y jugando con algo más de cabeza (tampoco mucho más que la temporada pasada, pero un poco más centrado sí que está). Sabedores de que su fuerte no es el triple, maximizan sus posibilidades reduciendo la cantidad de tiros intentados desde fuera, compensándolos con una mayor cantidad de penetraciones a canasta, contraataques tras robo, y ataques rápidos en transición. De hecho, Houston Rockets asisten mucho más por partido que los Thunder, y sin embargo, se encuentran muy por debajo de ellos en la tabla clasificatoria. La clave, en mi opinión, está sobre todo en la defensa. La solidez de las líneas defensivas de los Thunder contrasta en gran medida con la de los Rockets. Los Thunder son el equipo que más tapones ponen de toda la liga (489), y los Houston el antepenúltimo (257). En cuanto a los robos por cada encuentro disputado, ambos presentan  números muy parejos, siendo Houston el sexto equipo en robos y Okc el octavo. En pérdidas de balón son los dos primeros de la lista, con más de mil pérdidas totales ambos.





Como podemos comprobar, nos encontramos de dos equipos totalmente parejos en cuanto a las estadísticas, pero que en cuanto a los triples, cada uno hace un uso muy distinto de ellos. La gran diferencia está en la cantidad de puntos recibidos: mientras que los Thunder son la décimo cuarta franquicia en cuanto a puntos recibidos por partido, los Houston Rockets son los segundos, corroborando así la teoría previa de una endeble defensa que sufre ante equipos mucho más experimentados que ellos. Otro caso similar al de Houston son Los Ángeles Lakers, equipo que ocupa actualmente la octava plaza de la conferencia Oeste, pero que son el tercer equipo que más puntos recibe en cada partido, a pesar de ser el tercer equipo en puntos anotados en cada encuentro, con una gran cantidad de triples encestados totales ( eso sí, con paupérrimos porcentajes)
Sin duda, la importancia de los triples ha crecido en los últimos tiempos, pero como se puede ver, el centrar el juego de tu equipo en una sola faceta concreta, no surte el efecto deseado, y por lo general es síntoma de equipos poco experimentados o todavía con muchas tazas de caldo por tomar. En cambio, los equipos experimentados como Miami Heat  reparten mejor sus tiros entre muchas más posiciones, aprovechando la gran capacidad de sus estrellas para generar canastas o espacios para sus compañeros. Y desde luego, la defensa. Por muchos lanzamientos que metas, por muchos rebotes que cojas, por pocos balones que pierdas, si permites al rival meter canastas fáciles, jamás podrás llegar a conseguir grandes resultados. Como dijo un día el gran Kevin Garnett, “un buen ataque puede ganar muchos partidos, pero una gran defensa gana campeonatos”.




sábado, 19 de enero de 2013

Un tirador de primera


La semana pasada viendo a Lebron James me di cuenta de que una estrella de esa magnitud marca época de tal forma, que los otros cracks de la liga se ven muchas veces involuntaria e inevitablemente eclipsadas por ella. Quizás dentro de veinte años, cuando este tipo o Kevin Durant (los dos jugadores más trascendentales y dominantes de la liga actualmente) se retiren los que solo puedan disfrutar del ocaso de su carrera no recordarán que en esta década ha habido otros jugadores de una calidad asombrosa, con unas cualidades excepcionales, pero que por el hecho de no haber ganado nunca un anillo de campeón de la NBA (doy por hecho que KD ganará al menos uno antes de retirarse) seguramente su imagen se vea infravalorada. Por eso habitualmente cuando hablamos del baloncesto de los años noventa tendemos a pensar en una única figura, un tipo que dominó la liga como ningún otro hasta entonces, cuyo talento ensombreció a otros cracks de la liga.
¿Qué habría pasado si  un tal Michael Jordan nunca hubiera jugado a este deporte? Es algo que no podemos saber, lo que está claro es que no podemos olvidar a hombres que, con equipos más pequeños, con menos cualidades que este superdotado han plantado cara  y han luchado duro para ganar e intentar coronarse campeones de la NBA. Es el caso del que hoy quiero hablaros, un tipo no demasiado fuerte, ni demasiado rápido, pero que con  pillería y descaro se labró una reputación más que merecida. Muchos le consideran el mejor tirador exterior de todos los tiempos (con permiso de Mr. Ray Allen), que con un equipo pequeño consiguió plantar cara a una de las cunas del baloncesto americano, y también al mejor jugador de todos los tiempos. Hoy quiero hablaros de Reggie Miller.





La figura de Reggie Miller siempre se ha visto despreciada en múltiples y estúpidas comparaciones a lo largo de su carrera. Criado en Riverside (California), Reggie  aprendió a jugar al baloncesto con su padre y su hermana Cheryl, la cual brilló con luz propia en su época de instituto y en la universidad, llegando a anotar más de cien puntos en un solo encuentro. Cheryl Miller es considerada una de las mejores jugadoras de baloncesto de todos los tiempos, ganando la NCAA en dos ocasiones y diversos títulos individuales. En los partidos en el Madison Square Garden, debido a la gran rivalidad que había entre Indiana y New York  a Reggie le cantaban  “Cheryl, Cheryl” cada vez que jugaba en esa cancha.
Pero lejos de esconderse, Reggie Miller aprendió de aquellas palizas que su hermana le daba de joven, y aprendió a emplear sus virtudes más a menudo, a imponer su juego.  Pronto comenzó a ganarse fama de ser un gran tirador en la universidad. Con un físico no muy exuberante, Miller era lo que se puede considerar un “tirillas”. Pero con el paso de los años se fue destacando en el instituto, y más tarde en la NBA como un tirador mortífero y decisivo, uno de esos jugadores que se convierten en una auténtica pesadilla jugar contra ellos.
Siendo elegido número dos del draft de 1987, “Miller The Killer” fue seleccionado por los Indiana Pacers donde pese al poco entusiasmo inicial mostrado por los fans, pronto se consagraría como el ídolo de la ciudad. Sobre todo debido a las encarnizadas batallas que a mediados de los noventa disputarían con los New York Knicks. Y digo batallas porque eso es lo que eran realmente. La rivalidad era tremenda. New York e Indiana son consideradas como dos de las cunas del baloncesto americano: La Gran Manzana, con el estilo callejero y “playground” de la calle; y la pureza técnica y disciplina del baloncesto de Indiana. La gran ciudad cosmopolita contra los fundamentos y la seriedad de los humildes y trabajadores Pacers.






Y es que los jugadores de las dos franquicias marcaban a fuego en el calendario los días en los que se enfrentaban ambos equipos. Ganarles los unos a los otros se convirtió en la prioridad de cada año. Y si podía ser en playoffs mejor que mejor. Fue entonces cuando Reggie Miller dio un paso al frente para convertirse en la bandera y el estandarte de unos Pacers que con la llegada de este genio pudieron, por fin, mirar cara a cara a los de la Gran Manzana.Los partidos entre estos dos equipos se convirtieron, en palabras de los propios jugadores, en auténticas batallas. Y en ese terreno Reggie se movía como pez en el agua. El escolta de los Knicks, John Starks, temblaba cada vez que tenía que vérselas cara a cara contra este individuo. En cada choque entre ambos, Miller se dedicaba a calentarle la oreja al bueno de Starks, un jugador físico, trabajador y serio, pero que a la mínima entraba al trapo. A Reggie le encantaba incordiarle todo el partido. En varias ocasiones Starks no pudo contenerse y no fueron pocos los incidentes que hubo entre ambos, en los cuales casi siempre Starks salía perjudicado, hasta siendo expulsado en una ocasión, en la cual Reggie simuló una agresión por parte del escolta de los Knicks.En palabras de Patrick Ewing, Reggie Miller era "un timador de primera".

Reggie llegó a reconocer que antes de los partidos incluso se pasaba un buen rato pensando en lo que podría decirle a su defensor para sacarle de quicio. Ni siquiera el mismísimo “Air” Jordan fue capaz de evitar que se le cruzasen los cables con este singular personaje. Y eso que Michael también era de los que calentaban la oreja a los rivales durante el partido.
Debido a esta actitud, en New York el odio hacia Reggie Miller era más que notable. Las sonoras pitadas con las que el  mítico público del Madison Square Garden recibía a nuestro protagonista se hicieron habituales. Pero lejos de arrugarse, siempre pareció que Reggie buscaba esa presión , que con ella jugaba mejor, que cuanto más le pitaban, cuanto más le increpasen, más triples iba a enchufar. Uno de los ejemplos más conocidos de esto viene de los Playoffs del año 1994. El director de cine Spike Lee, conocido y fiel seguidor de los Knicks, no había parado de molestar a Reggie desde el lateral de la pista durante toda la eliminatoria. Tras tres cuartos horrorosos y desacertados de Reggie Miller, Spike estaba más que exultante, llegándole a decir frases como “date una ducha fría” o “deja de arrastrar los pies”. Reggie no dejaba de mirarle. Y entonces comenzó un festival anotador de nuestro protagonista: cada alón que tocaba acababa en canasta. Y cada vez que encestaba, miraba fijamente a Spike Lee, que no tenía donde meterse. 25 puntos en el último cuarto para darle la victoria a los Pacers en el Garden. Al día siguiente algunos diarios de la ciudad responsabilizaban a Spike de la derrota. Y es que para muchos, las palabras de Spike no inspiraban a los Knicks: inspiraban a Reggie Miller.




Si algo ha caracterizado a Reggie Miller son las canastas en momentos decisivos. Conocido como “Miller The Killer”, el californiano era de esa clase de jugadores a los que no les quema el balón en las manos en los momentos decisivos. Buena muestra de ello, es esta inverosímil actuación en una de sus múltiples batallas contra los Knickerbockers.


                ¿Increíble, verdad? ¿Y qué me dicen de esta otra?



No se puede tachar a este jugador de no haber dado la cara. Siempre supo asumir las responsabilidades que conllevaba ser la estrella, la imagen, el estandarte de la franquicia. Pero siempre se quedaban a las puertas de las Finales. En el año 2000 llegó su oportunidad. Pero unos jóvenes Lakers dirigidos por Phil Jackson y con Shaquille O´Neal y Kobe Bryant en estado de gracia se les antojaron imparables. Reggie completó unos Playoffs más que notables, anotando 24 puntos por partido.
El 10 de febrero de 2011 Ray Allen anotó su triple 2561, convirtiéndose así en el jugador con más triples anotados en la historia de la Liga, arrebatándole el récord a un Reggie Miller que se encontraba comentando el partido desde el lateral de la pista. Al siguiente tiempo muerto de que “Ray Ray” superase a Reggie, el propio Allen se acercó a Reggie fundiéndose ambos en un cálido abrazo. El alumno, en cierto modo, había superado al maestro. No sin motivo, Ray Allen es considerado por muchos como el mejor lanzador de todos los tiempos (también en cuanto a estética y mecánica de tiro), pero él siempre ha reconocido que sin la inspiración de Reggie , si no hubiera existido un jugador así, jamás habría perfeccionar su tiro de tal forma.

Su camiseta con el número 31 cuelga del pabellón de los Pacers. Y su espíritu sigue intacto en los aficionados de Indiana, que no olvidarán nunca un jugador que, a pesar de no alcanzar la máxima gloria del anillo de campeón, es una leyenda viva de la mejor liga del mundo.