lunes, 29 de octubre de 2012

"Only the strong survive"



 "Set your sights high, the higher the better. Expect the most wonderful things to happen, not in the future but right now. Realize that nothing is too good. Allow absolutely nothing to hamper you or hold you up in any way." A.I.

"I was motivated to be different in part because I was different." A.I.

"Be more concerned with your character than with your reputation. Your character is what you really are, while your reputation is merely what others think you are." A.I.






Como tantos otros veranos quedamos en el parque de mi pueblo para echar unas canastas. Los mismos de siempre, solo que hacía bastante tiempo que no les veía. Desde que había acabado el colegio no tuvimos tiempo de saludarnos una sola vez más. Pero allí estaban, como cualquier otro fin de semana de julio, esperando a que yo llegara (de último como siempre) para poder empezar la pachanga. Todos llevábamos las típicas pintas que se supone que cualquier jugador de baloncesto de la calle debe llevar. Pero sin duda, teníamos envidia de M. M, (no diré aquí su nombre) lucía una camiseta mítica, una elástica que hizo historia en su momento aunque ahora ya no tenga el renombre que tuvo en su momento. Con un número y un nombre que todos los aficionados al deporte de la canasta conocen. Todos queríamos esa camiseta, todos queríamos probárnosla. Cosas de niños.

Hay jugadores en el mundo de la NBA que han marcado una época. Otros, en cambio, han marcado estilo, han sido los primeros  de una nueva generación de jugadores que se rigen por un patrón similar. Quitando a Michael Jordan, que es hablar en palabras mayores, a mediados de los noventa apareció un muchacho de N. Hampton, Virginia que marcó un antes y un después en la forma de jugar a este deporte. Quizás su primera hazaña, considerada por muchos como un descaro y una falta de respeto, y por muchos otros como una auténtica genialidad, es esta.




Como he dicho, raro es el aficionado al mundo del deporte que no conoce a este tipo. Se convirtió muy rápido en un icono, con su estilo de juego, su personalidad, y su descaro. Con una altura de 1,83 y 75 Kg. de peso, Allen Ezail Iverson no era un jugador que se caracterizase por un juego físico ni potente, lo cual no impidió que su principal arma, lo que realmente definía el juego de este crack, era su monstruosa capacidad anotadora, su hambre de canasta, esa actitud de mirar siempre hacia el aro, sabiéndose por encima del resto, a pesar de ser físicamente inferior a la inmensa mayoría de sus contrincantes.
Allen Iverson tuvo una infancia muy dura.Su madre lo tuvo con 15 años, y en sus años de instituto faltaba con frecuencia a clase para cuidar de su otro hermano pequeño mientras su hermana mayor iba a la escuela.Sus amistades en la calle no eran las más adecuadas, y varios incidente graves estuvieron a punto de acabar con su carrera universitaria antes de haberla empezado.Así que decidió empezar a tomarse en serio su carrera como baloncestista como vía de escape, como medio para sacar a su familia de la pobreza en la que había crecido.Quizás todos estos incidentes en su adolescencia forjaron en el una personalidad muy fuerte, acompañada de una firme y exigente ética de trabajo que siguió casi a raja tabla en la universidad y en sus diez primeros años en la NBA.Tras militar dos años en la universidad de Georgetown (saliendo de ella como máximo anotador histórico) dio el salto a la NBA con 21 años en el  histórico draft de 1996 en el puesto número uno. Llegaba a unos Sixers faltos de referencias en ataque, uno de los peores equipos de la liga. Pronto sus jugadas, sus entradas a canasta, sus tiros de media distancia, sus exhibiciones noche sí, noche también iban a enamorar a muchos seguidores de este deporte, que veían en este joven talento un futuro muy prometedor.
Hay un antes y un después de la llegada de Allen Iverson a la mejor liga del mundo. Quizás en ese momento no estaban preparados para un jugador tan desequilibrante, con un manejo de balón tan espectacular, capaz de sentar literalmente a cuantos contrarios se le pusieran por delante. Hasta su llegada nadie había visto a un jugador manejar de esa forma la pelota, con tantos cambios de mano, pasándosela una y otra vez entre las piernas, cada vez más rápido, confundiendo a todos los jugadores rivales. Sin duda era un espectáculo ver jugar a Allen Iverson en aquellos años.

En su primera temporada terminó con unos números estratosféricos, dignos de toda una superestrella: 23.5 puntos (el sexto de toda la liga), 7.5 asistencias, y 2 robos por partido. Estos números fueron razón más que suficiente para otorgarle el premio al Rookie del Año, siendo también seleccionado como MVP del Rookie Game del All Star  Weekend de ese año.
A pesar de estos estupendos números individuales, los Sixers firmaron una temporada desastrosa, y claro, las críticas llovieron sobre el joven y arrogante escolta, tachado de individualista e irrespetuoso por muchos sectores de la prensa americana. En los años siguientes “The Answer” siguió fiel a su estilo, regalándonos a los aficionados momentos para el recuerdo. Y es que pocos jugadores han hecho tan suyo un movimiento como este pequeño jugón. Así como el “sky hook” era el sello de identidad de Abdul-Jabbar, o el “Black Tornado” el de Shaq, el “crossover” lo era de “AI”. Un auténtico “ankle breaker” este chaval. En cuanto encaraba a su defensor, se iba a un lado, se pasaba e balón entre las piernas y salía por el otro todos sabían que eso iba a acabar en canasta. Y así tantas y tantas veces en el mismo partido. Bote, amago, cambio de dirección, tiro en suspensión, canasta .Un movimiento prácticamente imparable.Y es que jugaba  a otra velocidad que los demás. Quizás este tipo haya sido uno de los más voraces anotadores  que ha habido y habrá jamás. En su haber se encuentra el sexto mejor promedio de puntos por partido de toda la historia de la NBA, una auténtica máquina de enchufar, enchufar y enchufar. Y es que son innumerables las actuaciones estelares anotadoras del 3 de los Sixers.

A nivel colectivo los Sixers fueron mejorando campaña a campaña desde la llegada de Iverson, hasta alcanzar la cumbre en las finales del año 2001.En ese año “AI” fue nombrado MVP de la Liga, con unos números de otro planeta: 31.1 puntos, 4.6 asistencias y 2.5 robos por partido. Completando unos brillantes playoffs, los Sixers sucumbieron en unas finales ante Los Angeles Lakers de Shaquille O´Neal y Kobe Bryant, que conseguían así su segundo título consecutivo de la NBA. En esas finales Iverson completó varias actuaciones estelares, pero el solo no bastó para ganar más que un partido a los intratables de oro y púrpura.

Los Sixers nunca volverían a alcanzar ese nivel, aunque el de N.Hampton no bajó en sus promedios ni en sus estadísticas anotadoras en las siguientes temporadas.  Pero tras varios años de polémicas y malos resultados tanto en playoffs como en temporada regular los Sixers decidieron traspasarlo en el año 2006 a los Denver Nuggets. Tras diez años en la franquicia de Philadelphia el hijo pródigo, el jugador más querido por la afición  se iba del equipo que le dio todo, y por el cual lo dio todo. Como muchas otras estrellas, su mayor virtud, era a la vez, su defecto. Su gran capacidad anotadora le hacía acaparar demasiado juego, minimizando en muchas ocasiones la aportación de sus compañeros, siendo tachado de chupón en múltiples ocasiones. Pero Allen Iverson no sería Allen Iverson si no se jugara 20, 30 o 40 tiros por partido, alcanzando medias de 30 puntos por partido , haciendo fácil lo imposible. Sin ese carácter tan particular, sin esa visión de que nadie estaba nunca por encima de él, sin habérsela clavado “en la cara” a todo bicho viviente al que se enfrentó, sin romper todos los tobillos y caderas que rompió,sin haber revolucionado el mundo de la canasta  hasta el punto de ser el primer escalón de una generación en la que nacen un gran número de bases que siguen sus pasos, no sería Allen Iverson.
Tampoco sería Allen Iverson sin esa imagen que  siempre ha dado de sí mismo. Quizás fue Jordan el que llevó el baloncesto a nuestros hogares desde USA a mediados de los 80, pero fue “The Answer” quién popularizó la estética de  las muñequeras, zapatillas, tatuajes… fue él el primero en llevar el estilo “playground”, a la mejor liga del mundo. La cultura hip-hop llegó con él , hasta que David Stern sacó un código de conducta por el cual se obligaba a todos los jugadores a acudir perfectamente vestidos a los partidos, prohibiendo los típicos pantalones anchos, las chupas de béisbol, las cadenas, los colgantes, las gorras…Iverson fue el más radical detractor de estas medidas. Y es que el carácter de este pequeño escolta le hizo verse envuelto en diversos altercados a lo largo de su vida deportiva, relacionados con drogas, armas, y disputas extradeportivas. Su historial es tan extenso como sus éxitos individuales en la NBA.

 Desde su salida de Philadelphia las lesiones fueron aumentando en cantidad y gravedad, por lo que desde la etapa en los Denver Nuggets fue vagando por diversos equipos, en los cuales, a pesar de sus limitaciones físicas provocadas por las lesiones que arrastraba a lo largo de su carrera, no fue capaz de asumir y aceptar un rol secundario. En 2010 los 76ers volverían a hacerse con sus servicios, generando un gran impacto inicial con el regreso del hijo pródigo. Pero Iverson ya no era el mismo que seis años atrás. Tras un breve paso por Turquía en 2011, Iverson se ha llegado a plantear la retirada, y ni él mismo sabe cuando volverá a jugar de forma profesional a este deporte. Quizás nunca .A los fans más acérrimos de este tipo siempre nos quedarán sus vídeos, sus dribblings, su descaro…Pero sobre todo esa personalidad que le llevaba a estar siempre en contra de todo, a tirar 40 veces por partido, a marcar un estilo, a bailar al mismísimo Michael Jeffrey Jordan en su año de rookie…Puede que nunca haya ganado ningún título de campeón de la NBA, pero muchos otros grandes tampoco lo han conseguido(Barkley, Pat Ewing ,Vince Carter, John Stockton, Dominique Wilkins, Pete Maravich, Reggie Miller…)y no por ello dejan de estar en nuestro particular Olimpo de los dioses del deporte. Y Allen Iverson figura entre las deidades a las que rindo culto a la hora de entrar en la cancha.
M, si estás leyendo esto, que sepas que la camiseta que llevas buscando meses, la misma de la que he hablado al principio de este texto, la usa un servidor casi siempre que baja a jugar al basket en la universidad. Le he dado buen uso pero no te preocupes, ha sido tratada con todo el cuidado que se merece. Al fin y al cabo, gracias al tipo cuyo nombre aparece a la espalda de la misma forjamos una buena amistad desde jovenzuelos. Una amistad comenzada con aquellas conversaciones sobre “The Answer”: Allen Iverson. Y es que un tipo así no se olvida fácilmente. Genio y figura. Hasta la próxima semana.








martes, 23 de octubre de 2012

Los buenos perfumes , en frascos pequeños.



"Decían que esto del basket era cosa de centímetros.” Nach

 “Pasará su nombre como agresor a la cultura dominante, como un burlador a la ortodoxia y un estafador de las reglas del juego. Similar a la lucha del graffiti por abrirse hueco en el Arte su figura lo ha hecho ya como figura de culto, alguien cuya mejor versión, de apenas segundos, refrescó el sentido mismo del jugador cuando éste corría a caer sepultado bajo toneladas de músculo defensivo. Incluso una lectura sociológica actúa en su favor: Williams llegó a convertirse en el primer icono blanco que una joven generación de negros había conocido.” ABC 

“El tío blanco más divertido que jamás he visto.” Shaquille O´Neal

A diez minutos de mi casa hay en mi pueblo hay una cancha de basket donde casi a diario mucha gente del pueblo acude a echar unas canastillas, unos “one-on-one”, unas pachanguillas. Siempre que paso por delante me paro y, discretamente, echo un ojo a los que allí se agrupan, esperando que alguno de ellos me sorprenda. Por lo general en estas canchas callejeras encuentras de todo, pero los jugadores realmente atractivos para el que observa son los jugones, los magos del balón. Jugadores que destacan por su calidad, su creatividad, su estilo único, inconfundible. Esa clase de tipos que te sacan una sonrisa después de cada jugada y hacen qué te digas a ti mismo: “joder, ¡qué bueno es este chaval!”Lo esencial en estas disputas no es ganar, meter más canastas, o coger más rebotes. Lo que más suele llamar la atención del baloncesto callejero es esa creatividad y originalidad tan características. Y no solo en la cancha de mi pueblo.Cada vez que paso por delante de una, en cualquier lugar, busco esa magia, esa chispa, esa salsa, ese descaro, esa mezcla perfecta que solo algunos privilegiados han conseguido alcanzar en su juego, hasta conseguir convertirse en jugadores únicos en su especie. Esa clase de tipos que hacen que te paras y te dices a ti mismo: ¿pero quién demonios es este tío? Es una estirpe de jugadores diferentes, por lo general incomprendidos, generan odios y levantan pasiones por doquier. Tipos controvertidos, que no dejan indiferente a nadie. Esa clase de jugadores que los odias o los amas.

 Hoy estoy aquí para recordar a uno de esos cracks .Un tipo con el cual, como dijo Antoni Daimiel, “está justificado el abono de toda una temporada”.Un tipo que levantaba al público en cada jugada, en cada pase.Un tipo que poseía esa rebeldía y ese descaro que provocaban que su Universidad le suspendiera de por vida por consumo de drogas blandas, pero que en un partido del All Star es capaz de hacer cosas como esta.


Nunca el estilo de juego de un tipo estuvo tan bien sintetizado en tan poco tiempo. Andrés Montes, muy proclive a poner apodos a todo jugador de la NBA en su época de comentarista, le bautizó con el apodo de “Chocolate Blanco”.Y razón no le falta.Con el espíritu del “playground”, de las canchas del Bronx, de Rucker Park, no dejó a nadie indiferente. Jason Williams es uno de esos genios incomprendido y únicos del mundo del baloncesto. Su relación con la prensa no fue lo que se suele decir muy fluída, ya que apenas concedía entrevistas o explicaciones de lo que hacía, y eso en la NBA, que es una institución tan abierta al
público que hasta permite a las cámaras entrar en vestuarios, choca bastante.

Su carrera en el baloncesto universitario fue, cuanto menos, ajetreada. Pasando por las universidades de Marshall (West Virginia) y Gainesville (Florida) consiguió unos números muy buenos, con 13,4 puntos y 6,4 asistencias; y 17,1 puntos y 6,7 asistencias por partido, respectivamente. Tras varias suspensiones previas, la NCAA decide sancionar de por vida al jugador, por reincidencia en el consumo de drogas.Pero el show no hacía más que empezar para “J-Will”. En el llamado “año del asterisco”, Jason Williams es elegido en el puesto número siete del draft de 1998.Tras la segunda y gloriosa retirada de Michael Jordan, la NBA se quedaba coja.Pero dos jugadores la iban a levantar de nuevo, gracias a su juego espectacular, uno por sus
mates, otro por su magia y descaro.

Los Kings de la era Jason Williams enamoraron a toda la liga.No solo ganaban, si no que además hacían un juego vistoso, alegre, fresco y divertido a la vista.La apuesta por Williams como base titular fue muy arriesgada y puesta en duda por muchos críticos y periodistas de la NBA, viendo el historial del jugador, y sus evidentes carencias defensivas. Pero nada más lejos de la realidad. Dirigiendo a la perfección a un equipo joven, el hecho de la falta de experiencia pronto quedó a un lado, ya que los Sacramento Kings de Divac, Webber Stojakovic y Jason Williams mostraron una consistencia digna de los más grandes. Y una capacidad de dar espectáculo fuera de lo normal. Por muchos detractores que tuviera, “Chocolate Blanco” consiguió ganarse al público, incluso a los de raza negra, que veían como un chiquillo rubio con cara de bueno de West Virginia conseguía levantarles de sus asientos en cada jugada,y era capaz de hacer cosas solo al nivel del mismísimo Allen Iverson, un jugador también único y diferente. Su estilo atrevido e imprevisible fue comparado con el de otro playmaker de los años 70, el legendario “Pistol” Pete Maravich, famoso por sus pases imposibles, su ingenio y su astucia a la hora de jugar este deporte. Rara era la vez que "J-Will" no aparecía en el Top 10 de las mejores jugadas de la noche, o de la semana. El y otro monstruo como “Vinsanity”, claro.

¿Sus números? Los más académicos, sus críticos, suelen basar sus argumentaciones en que su tiro no era el mejor, que perdía muchos balones al arriesgar tanto, que era indisciplinado… Puede que tuvieran razón.Es cierto, los números de Jason Williams dejan, a primera vista mucho que desear.En los tres años que militó en los Sacramento Kings promedió aproximadamente 12 puntos y 6 asistencias ,en su etapa más espectacular y creativa como jugador de la NBA.Su mejor temporada, en cuanto a números, nos muestra unos promedios muy buenos pero no espectaculares: 15.4 puntos, 3.1 rebotes y 8.4 asistencias en los Vancouver Grizzlies en la temporada 2001/2002.Y el promedio de su carrera tampoco es nada fuera de lo normal, con 11.4 puntos y 6.3 asistencias por noche.Como he dicho, tampoco era un buen defensor,y su arriesgado estilo provocaba que un gran número de perdidas de balón de su equipo. La verdad no es un dato revelador el ver los números de este tipo para hacerse una idea de lo que significa en el baloncesto actual. Su influencia ha trascendido a otros deportes, como el fútbol. Djalminha, una de las estrellas del Súper Dépor que alcanzó el título de La Liga Española en el año 2000 declaró que el se inspiraba viendo a Jason Williams. Sin duda dos jugadores, cada uno en su deporte, geniales, controvertidos, y polémicos hasta decir basta. En una época donde el baloncesto estaba dominado por el físico, la altura, la potencia, aparece un tipo bajito, habilidoso, imaginativo, con una capacidad de improvisación fuera de lo normal, un blancoadmirado por los jugadores de raza negra, un jugón como pocos. Un tipo que ni quiere ni se deja querer. Para mí, Jason tiene la misma esencia que otro crack del fútbol, pero este del Real Madrid, otro de esos tipos mágicos, introvertidos, que te dejan boquiabierto en apenas décimas de segundo, con un simple taconazo, ese toque de seda de balón. José María Gutiérrez “Guti”, pertenece también a esa clase de jugadores imprevisibles, que nunca te sabes por donde va a salir, ni lo que va a hacer, ni con lo que va a sorprender,capaces de dejar detalles para la historia, como aquel taconazo en Riazor, equiparable al pase con el codo de "Chocolate Blanco". Quizás esta actitud y su estilo de juego, que a pesar de ser tan vistoso no dio tan buenos resultados como se esperaba, llevaron a los Kings a tomar la decisión de traspasarlo en el año 2001 a los Vancouver Grizzlies, donde formó un tándem imparable con Pau Gasol,alcanzando Playoffs varias temporadas seguidas, sin pasar de primera ronda. En esta etapa y en los posteriores años en Miami Heat, Orlando, y de nuevo los Grizzlies quizás mejoró mucho en su aspecto defensivo, cometiendo menos pérdidas que nunca, pero claro, con un juego no tan vistoso como el exhibido entre 1998 y 2001 en los Sacramento Kings.Tras varias lesiones y breves estancias en diversas franquicias de la liga se retiró a los 35 años en el 2011, debido a problemas de espalda.

 Que toda una generación de espectadores de raza negra acaben por fijarse en ti y reconocerte como "uno de los suyos" a pesar del color de piel es algo que tiene mucho mérito, ya que las distancias entre ambas razas estaban bastante acentuadas todavía. Para los negros americanos, que consideraban que solo ellos podían competir al baloncesto a un alto nivel, ver a un tipo bajito lleno de tatuajes hacer cosas que ni a ellos mismos se les había ocurrido, les chocó demasiado. Pero les gustó. Quizás solo haya ganado un anillo de campeón, y sin ser la estrella del equipo, pero para nosotros los aficionados del basket,de las "changas" de la calle, del barrio, lo importante es que nos ha dejado momentos para el recuerdo ,jugadas estratosféricas e imposibles. Y sobre todo, ha conseguido lo que el quería: que cuando alguien comenzara a jugar al baloncesto dijera: “Yo quiero jugar como Jason Williams”.

 Quizás hoy día el más parecido a lo que llegó a ser este tipo es Ricky Rubio.Pero aun así, todavía me detengo por una de esas canchas observo a los chicos que juegan, con la esperanza de ver algún día un chaval rubio, flacucho, tatuado, con el número 55 a la espalda ,cuyo reflejo sea como el de otro que hace catorce años entró en la NBAy entendió entendió perfectamente de lo que iba aquel negocio, entendió que era lo que le gustaba ver a la gente.Y,siendo el mismo, se convirtió en uno de los iconos de la liga la última década.Y tan solo ofreciendo una cosa :espectáculo, mucho espectáculo.

Os dejo con alguna que otra muestra de lo que este tipo hizo en su carrera.Aunque ya lo conocéis espero que lo disfrutéis igual.Saludos.