viernes, 24 de mayo de 2013


EL ORIGEN DE LAS ESPECIES ( O EL BALONCESTO SEGÚN DARWIN)




"Renovarse o morir" solemos clamar cuando algo se queda anticuado, pasado de moda, en desuso. Es la esencia de la vida, el progreso de unos obliga  a otros a innovar, a buscar soluciones para continuar siendo competitivos, o a emplear los mismos métidos par estar a la altura de los competidores.
El baloncesto actual también está imbuido de este paradigma de evolución y de avance. De una etapa a otra a lo largo de los últimos cincuenta años se puede constatar como los equipos o los sistemas de juego  que marcaron una época acabaron siendo tendencia, adaptados por unos, reformulados por otros. Muchos hablan de que esta es la época dorada de los bases, de que ahora se juega con hombres más pequeños, que nunca ha habido tantos y tan buenos bases en la NBA. Todo ello son realidades constatables y reales. El baloncesto ha evolucionado en las últimas décadas. Los hombres altos tienen cada vez menos relevancia en los sistemas de ataque de los equipos. Bien es cierto que ningún equipo prescinde de ellos, eso sería como querer dar la vuelta al mundo sin provisiones en la bodega. Pero su importancia en el juego, y esto es una realidad, ya no trasciende como antaño. Tal y como ahora proliferan los bases entre  todos los equipos de la liga ( hasta los taimados Wizards cuentan  con una superestrella como John Wall) en las últimas décadas la figura de " el pívot" era de crucial trascendencia en todas las facetas del juego. Pat Ewing, Olajuwon, Charles Barkley, David Robinson, Shaq, Karl Malone,Kevin Garnett, Tim Duncan... Son algunos de los nombres de lo grandes pívots de finales de los ochenta hasta la actualidad, hombres que dominaron la liga y cuya importancia fue crucial a la hora de tener opciones de optar al anillo. No solo es que fueran importantes para su equipo, es que realmente ellos ERAN el equipo. Por los pívots pasaban gran parte de las opciones de un equipo para proclamarse campeón. 






En este ámbito todos los equipos trataron de moverse para procurar tener un jugador de esas características, un tipo que con su altura y su exuberancia física pudiera suponer un referente dentro de la cancha. Como en cualquier otro ámbito de la vida, cuando los pívots eran las estrellas del cotarro, todos los jóvenes querían ser como ellos. De esa forma los jóvenes pívots procedentes del college trataban de absorber todas y cada una de las habilidades de aquellos que consideraban sus referentes: el juego de pies de Olajuwon, la potencia de Shaquille O´Neal, los fundamentos de Tim Duncan y  de David "El Almirante" Robinson. De esta manera, y aunando los recursos de otros jugadores han aparecido en la liga hombres altos como Pau Gasol, Chris Webber, Ben Wallace, Dwight Howard, Dirk Nowitzki... Muchos y estupendos jugadores, pero cuyo estilo cada vez incorpora más facetas que la del 5 de antes. Si ir más lejos, el ejemplo de el alemán Dirk Nowitzki es de rigor. Un hombre alto (2,15)  cuyo juego está prácticamente basado en el tiro de media distancia. Y le ha dado resultado.
 Pero la cosa no queda aquí. Los últimos quince años no solo han sido la época de decadencia de los grandes pívots de antes, del aumento exponencial en la cantidad y calidad de bases por equipo, sino que también han sido la era "post" Michael Jordan. Para qué hablar del influjo del (posiblemente) mejor jugador de todos los tiempos. El estilo de juego de MJ se ve reflejado en todos los escoltas y aleros de los últimos 15 años, en múltiples facetas y aspectos del juego: desde  Carmelo Anthony, Kobe Bryant, Tracy Mac Grady, Vince Carter (ambos ya para el arrastre), Kevin Durant, Dwyane Wade,etc. Incluso en el propio Nowitzki se pueden comprobar la influencia de Michael Jordan, en ese característico tiro en suspensión a media distancia, quizás su arma principal a la hora de producir canastas. Este movimiento que Michael Jordan popularizó, sumado a su altura, hacen al alemán prácticamente indefendible.







Pero más allá de pívots versátiles, bases de todos los colores, anotadores compulsivos, matadores, taponadores, reboteadores, asistentes... Más allá de todos ellos se encuentra el último escalón de la cadena evolutiva baloncestística. Un jugador capaz de hacer todo eso a la vez, y hacerlo todo bien. Anotar como el que más desde cualquier posición de la cancha, rebotear casi tanto como cualquier otro pívot, asistir como el mejor de los bases (muchas veces más incluso)...etcétera, etcétera, etcétera.




No hay más que ver cualquier partido de Lebron James para comprobar su absoluto dominio del juego, en todas las facetas. Entre los fans, analistas, expertos y seguidores de la mejor liga del mundo ya no hay discusión. Lebron James no tiene rival.Ya que estamos hablando de la evolución del juego veamos el avance de LJ desde que llegó a la Liga en 2003. Y no solo llegó para quedarse, llegó para dominarla.
Por empezar de algun forma, lo que llama principalmente la atención del juego de LJ es su exuberancia física. Este es un aspecto por el que puede considerarse un privilegiado. Pocos cuentan con esa potencia y resistencia para jugar al máximo nivel durante todos los partidos de la temporada.Con esa capacidad natural es relativamente sencillo para él promediar los rebotes que promedia por partido. Es aquí además donde destacamos sus características como anotador.  Lebron James siempre ha sido principalmente eso, un jugador capaz de meter muchos puntos y con mucha facilidad, pero a lo largo de su carrera ha conseguido incorporar nuevas facetas a su juego, de forma que ahora no solo es capaz de anotar gracias a su poderoso físico en transiciones rápidas y en entradas a canasta o tiros en suspensión, si no que ahora es capaz de anotar desde cualquier zona de la cancha, ya sea desde el triple, desde el poste bajo, con la izquierda,  de gancho... Es el jugador total en ataque. El verano de 2011, tras perder con los Dallas MAvericks en las finales de la NBA dedicó una semana a entrenar de forma intensiva con el célebre Hakeem Olajuwon su juego en el poste y su juego de pies.



Incluido cinco veces en el mejor quinteto defensivo de la liga, también demuestra su compromiso para con el equipo,que defiende duro y que lo hace como el que más. Su influencia se proyecta en todos los aspectos del juego, y eso es lo que más asusta de Lebron James, su evolución conforme pasa el tiempo. La vieja crítica de que no aparecía en los momentos importantes de los partidos y de la temporada está más que denostada, vistas las exhibiciones de las dos últimas campañas.Ha ganado dos MVP´s en Miami en estas dos últimas temporadas, pero ya ganó otros dos consecutivos  en Cleveland cuando se suponía que estaba sobrevalorado. Y por supuesto, además de todas las facetas del juego ne las que destaca,Lebron se alza sobre los demás jugadores de su equipo como un auténtico líder, una auténtica bestia en la que todos los aficionados y jugadores de los Heat confían para que este año vuelva a llevarles a la consecución del segundo anillo consecutivo. Más allá de poder perder algún partido aislado no parece que alguno de sus contrincantes pueda hacerles frente. Muetsra de ello es esta estratosférica actuación de King James en las Finales del año pasado ante los Thunder de Kevin Durant, Russell Westbrook y James Harden, tres superestrellas del baloncesto actual, pero que frente a una fuerza de la naturaleza como ante la que estuvieron en las Finales por el título, poco tuvieron que hacer.



 En mi opinión el futuro del baloncesto no está en los bases, no está en los pívots,ni tampoco en los grandes anotadores. Lebron James se ha dado cuenta de que cada vez es más importante saber hacer de todo, por eso mejora cada año, por eso puede jugar con y contra jugadores en cuatro (o incluso cinco) posiciones distintas, y por eso es tan capaz de aporta al equipo subiendo el balón y organizando como llevando al poste a su par y aprovechando su visión de juego y su potencia física. Sus espectaculares números tienen más mérito aún si se considera que es líder también en el ranking de eficiencia,empleando menos tiempo que otros en conseguir unos números estratosféricos.  Por eso la otra gran estrella (y amigo de Lebron James), ya ha empezado a preocuparse no solo por la faceta anotadora, si no a buscar como ser eficiente en muchos otras facetas en las que muestra carencias, como por ejemplo la dirección del juego o las asistencias.  Otros jugadores, como Paul George de los Indiana Pacers ya reúnen esas cualidades de versatilidad, y su enorme proyección y potencial le auguran un buen futuro en la liga. Existen muchos y muy buenos jugadores, superestrellas cuyo espectacular juego en otro momento marcaría la diferencia. Sigue habiendo jugadores que dominan facetas determinadas del juego, pero el siguiente nivel que representa Lebron James no parece alcanzable por muchos. Según " El origen de las especies" de Charles Darwin los individuos menos adecuados para el medio ambiente tienen menos probabilidades de sobrevivir, por lo que el proceso de selección natural irá eliminándolos. Con un jugador así, que domina todas las facetas del juego como nadie, parece difícil que algún conjunto pueda lograr derrocarles del trono de la liga si no cuentan con una superestrella con la versatilidad de Lebron James.
Muchas otras estrellas habrían de tomar ejemplo de el afán por  mejorar su juego y adquirir nuevas aptitutes. Ya no por mero afán de conocer, de aprender nuevas cosas. Más que nada por cuestión de supervivencia, porque el juego evoluciona, y porque los tiempos cambian.Porque cualquiera que quiera tener mínimas opciones de optar a algún título tendrá que contar con jugadores que dominen varias facetas del juego, y no solo una como en las últimas décadas. Antes los equipos se conformaban en torno a una figura que sabía hacer una cosa, y sabía hacerla mejor que nadie. Poco a poco el baloncesto, como la vida misma, como el hombre, como todo, va evolucionando, y cada vez es más necesario mejorar.
Lebron James es el presente y el futuro del baloncesto mundial. El último escalón de la cadena. Y el primero de la próxima.  Como dijo Russell Crowe en la archiconocida película Master and Commander, " En qué era tan fascinante vivimos".





viernes, 15 de marzo de 2013


El triple: ¿Es realmente un arma efectiva?



Desde el año 1984 el tiro más allá de los 7,25 metros se valora en la NBA como un lanzamiento de tres puntos. Desde entonces los equipos han ido incorporando poco a poco esta efectiva arma a  sus esquemas de juego: primero de forma residual y esporádica, después entrenando específicamente en esa faceta a algún jugador del roster ( el triplista), que se convierte en el especialista de esta faceta del juego. Steve Kerr, Craig Hodges o Toni Kukoc han sido varios de los grandes tiradores de los años 90. Pero desde los inicios del milenio la importancia del triple ha adquirido un nivel superior, ya no solo un jugador está capacitado para lanzar a canasta más allá de la línea de tres. Los Suns de Mike D´Antoni y Steve Nash, los  Kings de Stojakovic, Jason Williams y Chris Webber, los Sonics de Ray Allen y Rashard Lewis... Son solo unos pocos ejemplos de equipos con enormes tiradores, equipos que al no poder contar con jugadores interiores de garantías se adaptaron a los tiempos, y se hicieron con jugadores jóvenes, prometedores, y con un talento especial para el lanzamiento exterior.
Actualmente no hay equipo en la liga que no cuente con el triple como arma importante en su esquema de ataque. Es cierto que unos más que otros, obviamente, pero las grandes estrellas y  la mayoría de los equipos cuentan con grandes tiradores, con jugadores que basan gran parte de su juego en el lanzamiento exterior.
Siendo un lanzamiento lejano mal utilizado puede resultar inútil, pero integrado en un esquema adecuado y con buenas jugadas que permitan tiros fáciles y bien seleccionados puede ser un arma letal. De este modo, muchas veces no quiere decir que por más triples que un equipo meta va a conseguir mejores resultados, aunque es posible que metiendo muchos lanzamientos exteriores los resultados sean óptimos o favorables para el equipo en cuestión. Comparemos en algunos equipos actuales de la NBA la relación existente entre  porcentaje de acierto de triples, triples anotados, y posición en la clasificación de conferencia. Compararemos dos ejemplos muy parecidos, dos equipos que meten una gran cantidad de puntos, uno con triples el otro con otros recursos.

Según las estadísticas de NBA.COM, el equipo que más triples ha metido hasta el momento son los Houston Rockets, con 1881, con un porcentaje de acierto del 37.4%, el sexto mejor `porcentaje de la liga, y con un porcentaje de tiros de campo del 46.5% , el sexto también del total de los equipos de la liga. Además, son también el equipo que más puntos anota, con una media de 106.9 puntos por encuentro. Estos datos indican que nos encontramos ante un equipo que además de mover bien el balón y encontrar con facilidad tiros sencillos para los tiradores exteriores,  cada partido consigue tirar muchas veces anotando muchas canastas. De hecho,  cuatro de sus cinco máximos anotadores juegan por fuera, siendo Omer Asik el único jugador interior que promedia dobles dígitos en puntos por partido (10.8).  Sin duda estas estadísticas se vienen abajo cuando al fijarnos en la clasificación a los Houston Rockets solo les vale para situarse en la séptima plaza de, eso sí, una disputadísima conferencia Oeste. Pero, ¿qué sucede si atendemos a la variable “equipos con mejor porcentaje de tiros de tres”? ¿Encontraremos algún cambio en cuanto a los datos que los Houston Rockets nos han podido servir como ejemplo aislado? Veremos.

Según las estadísticas de la liga, el equipo con el mejor porcentaje de acierto en tiro de tres es Golden State Warriors (el sexto equipo en triples anotados y en la clasificación general de la Conferencia Oeste), con un porcentaje del 39.8%. Pero el segundo mejor porcentaje de tiros de tres lo ostentan los Oklahoma City Thunder, con un 39%. El equipo de Kevin Durant, sin embargo, no son ni de lejos la franquicia que más tiros de tres anotan, siendo el décimo equipo en cuanto a número de triples anotados, con 494. Estos datos, comparados a los de los Houston Rockets hablan de un equipo mucho más maduro, que sabe aprovechar mucho mejor sus recursos, y con una variedad mayor de plantilla. Los Thunder son un equipo que, como los Rockets, no se caracterizan por emplear en ataque su juego interior en exceso. Aunque este año el congoleño Serge Ibaka haya mejorado sus prestaciones en cuanto a lanzamiento, tampoco goza de numerosas oportunidades .Al igual que los Rockets, son un equipo que anotan gran cantidad de puntos, los segundos de hecho (106.5 puntos por partido). El estado físico de sus jugadores es impecable, con dos estrellas consolidadas, comprometidas y que juegan a otro nivel. Russell Westbrook ha dado un paso adelante este año, y está tirando mejor, asistiendo más y jugando con algo más de cabeza (tampoco mucho más que la temporada pasada, pero un poco más centrado sí que está). Sabedores de que su fuerte no es el triple, maximizan sus posibilidades reduciendo la cantidad de tiros intentados desde fuera, compensándolos con una mayor cantidad de penetraciones a canasta, contraataques tras robo, y ataques rápidos en transición. De hecho, Houston Rockets asisten mucho más por partido que los Thunder, y sin embargo, se encuentran muy por debajo de ellos en la tabla clasificatoria. La clave, en mi opinión, está sobre todo en la defensa. La solidez de las líneas defensivas de los Thunder contrasta en gran medida con la de los Rockets. Los Thunder son el equipo que más tapones ponen de toda la liga (489), y los Houston el antepenúltimo (257). En cuanto a los robos por cada encuentro disputado, ambos presentan  números muy parejos, siendo Houston el sexto equipo en robos y Okc el octavo. En pérdidas de balón son los dos primeros de la lista, con más de mil pérdidas totales ambos.





Como podemos comprobar, nos encontramos de dos equipos totalmente parejos en cuanto a las estadísticas, pero que en cuanto a los triples, cada uno hace un uso muy distinto de ellos. La gran diferencia está en la cantidad de puntos recibidos: mientras que los Thunder son la décimo cuarta franquicia en cuanto a puntos recibidos por partido, los Houston Rockets son los segundos, corroborando así la teoría previa de una endeble defensa que sufre ante equipos mucho más experimentados que ellos. Otro caso similar al de Houston son Los Ángeles Lakers, equipo que ocupa actualmente la octava plaza de la conferencia Oeste, pero que son el tercer equipo que más puntos recibe en cada partido, a pesar de ser el tercer equipo en puntos anotados en cada encuentro, con una gran cantidad de triples encestados totales ( eso sí, con paupérrimos porcentajes)
Sin duda, la importancia de los triples ha crecido en los últimos tiempos, pero como se puede ver, el centrar el juego de tu equipo en una sola faceta concreta, no surte el efecto deseado, y por lo general es síntoma de equipos poco experimentados o todavía con muchas tazas de caldo por tomar. En cambio, los equipos experimentados como Miami Heat  reparten mejor sus tiros entre muchas más posiciones, aprovechando la gran capacidad de sus estrellas para generar canastas o espacios para sus compañeros. Y desde luego, la defensa. Por muchos lanzamientos que metas, por muchos rebotes que cojas, por pocos balones que pierdas, si permites al rival meter canastas fáciles, jamás podrás llegar a conseguir grandes resultados. Como dijo un día el gran Kevin Garnett, “un buen ataque puede ganar muchos partidos, pero una gran defensa gana campeonatos”.




sábado, 19 de enero de 2013

Un tirador de primera


La semana pasada viendo a Lebron James me di cuenta de que una estrella de esa magnitud marca época de tal forma, que los otros cracks de la liga se ven muchas veces involuntaria e inevitablemente eclipsadas por ella. Quizás dentro de veinte años, cuando este tipo o Kevin Durant (los dos jugadores más trascendentales y dominantes de la liga actualmente) se retiren los que solo puedan disfrutar del ocaso de su carrera no recordarán que en esta década ha habido otros jugadores de una calidad asombrosa, con unas cualidades excepcionales, pero que por el hecho de no haber ganado nunca un anillo de campeón de la NBA (doy por hecho que KD ganará al menos uno antes de retirarse) seguramente su imagen se vea infravalorada. Por eso habitualmente cuando hablamos del baloncesto de los años noventa tendemos a pensar en una única figura, un tipo que dominó la liga como ningún otro hasta entonces, cuyo talento ensombreció a otros cracks de la liga.
¿Qué habría pasado si  un tal Michael Jordan nunca hubiera jugado a este deporte? Es algo que no podemos saber, lo que está claro es que no podemos olvidar a hombres que, con equipos más pequeños, con menos cualidades que este superdotado han plantado cara  y han luchado duro para ganar e intentar coronarse campeones de la NBA. Es el caso del que hoy quiero hablaros, un tipo no demasiado fuerte, ni demasiado rápido, pero que con  pillería y descaro se labró una reputación más que merecida. Muchos le consideran el mejor tirador exterior de todos los tiempos (con permiso de Mr. Ray Allen), que con un equipo pequeño consiguió plantar cara a una de las cunas del baloncesto americano, y también al mejor jugador de todos los tiempos. Hoy quiero hablaros de Reggie Miller.





La figura de Reggie Miller siempre se ha visto despreciada en múltiples y estúpidas comparaciones a lo largo de su carrera. Criado en Riverside (California), Reggie  aprendió a jugar al baloncesto con su padre y su hermana Cheryl, la cual brilló con luz propia en su época de instituto y en la universidad, llegando a anotar más de cien puntos en un solo encuentro. Cheryl Miller es considerada una de las mejores jugadoras de baloncesto de todos los tiempos, ganando la NCAA en dos ocasiones y diversos títulos individuales. En los partidos en el Madison Square Garden, debido a la gran rivalidad que había entre Indiana y New York  a Reggie le cantaban  “Cheryl, Cheryl” cada vez que jugaba en esa cancha.
Pero lejos de esconderse, Reggie Miller aprendió de aquellas palizas que su hermana le daba de joven, y aprendió a emplear sus virtudes más a menudo, a imponer su juego.  Pronto comenzó a ganarse fama de ser un gran tirador en la universidad. Con un físico no muy exuberante, Miller era lo que se puede considerar un “tirillas”. Pero con el paso de los años se fue destacando en el instituto, y más tarde en la NBA como un tirador mortífero y decisivo, uno de esos jugadores que se convierten en una auténtica pesadilla jugar contra ellos.
Siendo elegido número dos del draft de 1987, “Miller The Killer” fue seleccionado por los Indiana Pacers donde pese al poco entusiasmo inicial mostrado por los fans, pronto se consagraría como el ídolo de la ciudad. Sobre todo debido a las encarnizadas batallas que a mediados de los noventa disputarían con los New York Knicks. Y digo batallas porque eso es lo que eran realmente. La rivalidad era tremenda. New York e Indiana son consideradas como dos de las cunas del baloncesto americano: La Gran Manzana, con el estilo callejero y “playground” de la calle; y la pureza técnica y disciplina del baloncesto de Indiana. La gran ciudad cosmopolita contra los fundamentos y la seriedad de los humildes y trabajadores Pacers.






Y es que los jugadores de las dos franquicias marcaban a fuego en el calendario los días en los que se enfrentaban ambos equipos. Ganarles los unos a los otros se convirtió en la prioridad de cada año. Y si podía ser en playoffs mejor que mejor. Fue entonces cuando Reggie Miller dio un paso al frente para convertirse en la bandera y el estandarte de unos Pacers que con la llegada de este genio pudieron, por fin, mirar cara a cara a los de la Gran Manzana.Los partidos entre estos dos equipos se convirtieron, en palabras de los propios jugadores, en auténticas batallas. Y en ese terreno Reggie se movía como pez en el agua. El escolta de los Knicks, John Starks, temblaba cada vez que tenía que vérselas cara a cara contra este individuo. En cada choque entre ambos, Miller se dedicaba a calentarle la oreja al bueno de Starks, un jugador físico, trabajador y serio, pero que a la mínima entraba al trapo. A Reggie le encantaba incordiarle todo el partido. En varias ocasiones Starks no pudo contenerse y no fueron pocos los incidentes que hubo entre ambos, en los cuales casi siempre Starks salía perjudicado, hasta siendo expulsado en una ocasión, en la cual Reggie simuló una agresión por parte del escolta de los Knicks.En palabras de Patrick Ewing, Reggie Miller era "un timador de primera".

Reggie llegó a reconocer que antes de los partidos incluso se pasaba un buen rato pensando en lo que podría decirle a su defensor para sacarle de quicio. Ni siquiera el mismísimo “Air” Jordan fue capaz de evitar que se le cruzasen los cables con este singular personaje. Y eso que Michael también era de los que calentaban la oreja a los rivales durante el partido.
Debido a esta actitud, en New York el odio hacia Reggie Miller era más que notable. Las sonoras pitadas con las que el  mítico público del Madison Square Garden recibía a nuestro protagonista se hicieron habituales. Pero lejos de arrugarse, siempre pareció que Reggie buscaba esa presión , que con ella jugaba mejor, que cuanto más le pitaban, cuanto más le increpasen, más triples iba a enchufar. Uno de los ejemplos más conocidos de esto viene de los Playoffs del año 1994. El director de cine Spike Lee, conocido y fiel seguidor de los Knicks, no había parado de molestar a Reggie desde el lateral de la pista durante toda la eliminatoria. Tras tres cuartos horrorosos y desacertados de Reggie Miller, Spike estaba más que exultante, llegándole a decir frases como “date una ducha fría” o “deja de arrastrar los pies”. Reggie no dejaba de mirarle. Y entonces comenzó un festival anotador de nuestro protagonista: cada alón que tocaba acababa en canasta. Y cada vez que encestaba, miraba fijamente a Spike Lee, que no tenía donde meterse. 25 puntos en el último cuarto para darle la victoria a los Pacers en el Garden. Al día siguiente algunos diarios de la ciudad responsabilizaban a Spike de la derrota. Y es que para muchos, las palabras de Spike no inspiraban a los Knicks: inspiraban a Reggie Miller.




Si algo ha caracterizado a Reggie Miller son las canastas en momentos decisivos. Conocido como “Miller The Killer”, el californiano era de esa clase de jugadores a los que no les quema el balón en las manos en los momentos decisivos. Buena muestra de ello, es esta inverosímil actuación en una de sus múltiples batallas contra los Knickerbockers.


                ¿Increíble, verdad? ¿Y qué me dicen de esta otra?



No se puede tachar a este jugador de no haber dado la cara. Siempre supo asumir las responsabilidades que conllevaba ser la estrella, la imagen, el estandarte de la franquicia. Pero siempre se quedaban a las puertas de las Finales. En el año 2000 llegó su oportunidad. Pero unos jóvenes Lakers dirigidos por Phil Jackson y con Shaquille O´Neal y Kobe Bryant en estado de gracia se les antojaron imparables. Reggie completó unos Playoffs más que notables, anotando 24 puntos por partido.
El 10 de febrero de 2011 Ray Allen anotó su triple 2561, convirtiéndose así en el jugador con más triples anotados en la historia de la Liga, arrebatándole el récord a un Reggie Miller que se encontraba comentando el partido desde el lateral de la pista. Al siguiente tiempo muerto de que “Ray Ray” superase a Reggie, el propio Allen se acercó a Reggie fundiéndose ambos en un cálido abrazo. El alumno, en cierto modo, había superado al maestro. No sin motivo, Ray Allen es considerado por muchos como el mejor lanzador de todos los tiempos (también en cuanto a estética y mecánica de tiro), pero él siempre ha reconocido que sin la inspiración de Reggie , si no hubiera existido un jugador así, jamás habría perfeccionar su tiro de tal forma.

Su camiseta con el número 31 cuelga del pabellón de los Pacers. Y su espíritu sigue intacto en los aficionados de Indiana, que no olvidarán nunca un jugador que, a pesar de no alcanzar la máxima gloria del anillo de campeón, es una leyenda viva de la mejor liga del mundo.




martes, 6 de noviembre de 2012

THE SKY WAS NOT THE LIMIT





 Tras casi dos décadas de dominación total y absoluta por parte del monstruo más grande que jamás haya pisado una cancha de baloncesto, la NBA llegó a 1998 y de repente se había quedado huérfana. Tras años disfrutando de sus jugadas, de sus mates, sus tiros en suspensión, su control total y absoluto sobre todos y cada uno de los partidos, Michael Jeffrey Jordan se retiraba de la NBA .EL hueco que dejaba atrás tardaría mucho tiempo en volver a ser llenado. Sin duda todo el mundo iba a echar en falta al mejor  jugador de todos los tiempos. Se iba un tipo que revolucionó la mejor liga del mundo, que llevó este deporte a los salones de muchos hogares  no-americanos. Pero no iban a esperar mucho tiempo los seguidores más acérrimos de este deporte en recuperar la sonrisa que provocaba Jordan con cada genialidad.
Porque, como todos los grandes, el de Carolina del Norte creó escuela. Sus mates llevaban años siendo imitados por los jóvenes universitarios de todo el país, tanto en la calle como en las canchas universitarias. Y pronto llegaron rumores a la liga de un joven de Florida capaz de hacer cosas en el aire que nadie había realizado antes. Decían que volaba más y más alto que el mismísimo MJ.El espectáculo no hacía más que comenzar de nuevo.
Con 1.98 m de alto y 98 Kg. de peso, llegó en el año 98, el año del asterisco, Vince Carter a la mejor liga del mundo. Ya en sus años de High School en sus entrenadores conocían su extraordinaria capacidad de salto, poco común entre los jóvenes de su edad. En la Universidad de North Carolina( la misma en la que estudió Jordan)fue una de las figuras más destacadas de la liga universitaria, haciendo dupla con Antawn Jamison, un clásico entre los clásicos. Con este cartel de presentación  llegó Vince Carter a la mejor liga del mundo en el año del lock-out. Elegido en el número cinco del draft del 98 fue inmediatamente traspasado a los Toronto Raptors desde  Golden State Warriors, el equipo que lo eligió. En la temporada de los 50 partidos el escolta rápidamente  se hizo notar, llevándose el galardón al Rookie del Año tras promediar unos estupendos 18.3 puntos, 5.7 rebotes y 3 asistencias. Y es que pronto muchos reputados periodistas alzaron la voz comparando sus vuelos con los del legendario 23.A la prensa americana le encanta hacer este tipo de comparaciones, y muy rápido aparecieron los primeros titulares nombrando a “Vinsanity” como el heredero de Jordan. Han sido innumerables los jugadores que han sido comparados con él, con el único e inigualable desde que se fue por la puerta más grande. Pero el primero en ser comparado fue un escolta con una espectacular capacidad de salto, que jugaba con su primo en los Toronto Raptors, y que llevaba el número 15 a la espalda. La confirmación de estas comparaciones llegó al año siguiente, en la segunda temporada de nuestro amigo Vicente .Recién empezada la temporada, nadie sospechaba lo que, unos meses después iba a suceder, un fin de semana, en la ciudad de Oakland. Y es que  se hablaba de un nuevo rey del aire, de alguien que podía emular a Michael, o incluso superarlo, en cuanto a los vuelos a canasta se trataba.
Carter, conocedor de su gran don para saltar a canasta y hundir la pelota dentro del aro, se había pasado gran cantidad de momentos de su infancia fijándose en los míticos concursos de mates protagonizados por Michael y Dominique Wilkins. Y en el All Star del año 2000 llegó la consagración de este individuo como una gran estrella de la liga.
El Slam Dunk Contest de Oakland en el año 2000 es, sin duda, uno de los mejores (si no el mejor) concursos de mates de toda la historia. Realmente  no hubo una lucha disputada por el título del concurso, pero una sola figura eclipsó a todas las demás estrellas que se presentaban, dejando varios momentos para la historia. Juzguen por sí mismos si esto es posible, si es cienftíficamente posible de ejecutar, si la ciencia, la física, o la anatomía humana permiten cosas como esta.



¨"It´s over,ladys and gentlemen, it´s over" decía Kenny Smith (popular comentarista de la NBA) tras el mate pasándose el balón por debajo de las piernas.Y es que el Señor Vicente nos enseñó ese día a todos que el límite no estaba en Michael Jordan.Si Michael nos había enseñado a volar , este tío manejaba un boeing 747.Y sin esfuerzo aparente.Ese concurso marcó un antes y un después en la carrera baloncestística de Vince Carter.Y no por ello pararía de dejarnos momentos para el recuerdo.Ese mismo año se celebraron los Juegos Olímpicos de Sidney ,y Vinsanity se dedicó a destrozar aros rivales con su inhumana capacidad para saltar. Otra jugada inolvidable, otro vuelo sin motor. Cosas al alcance solo de los extraterrestres de este deporte .De esta forma el número 15 de los Raptor justificó las comparaciones que se venían haciendo entre el y el 23 de los Chicago Bulls




Un aspecto curioso de la carrera de este bicho es la presencia de su primo en el mismo equipo que él, en la misma liga. Muy pronto se hizo famosa la dupla de los dos primos en Toronto, haciéndoles entrar en playoffs en el año 2000, su segunda temporada como Raptor. Pero al caer eliminados en la primera ronda ante los Knicks, las críticas hacia Vince y acaparador estilo de juego no se hicieron esperar. Su primo T-Mac , buscando un mayor protagonismo que en Toronto no tenía, se fue a Orlando ese mismo año ,dejando a Carter como principal referencia del ataque de los canadienses.
A pesar de lograr altas medias de anotación en los siguientes años, la historia se repetía una y otra vez, llegar a playoffs y perder llegar a playoffs y perder…De este modo Vince solicitó ser traspasado en la temporada 2004-2005. Y es que estaba uy solo en la franquicia, y harto de esperar a que nuevos refuerzos llegasen, forzó su salida a los New Jersey Nets, donde formó dupla desde el año 2006 con, quizás, uno de los mejores bases de los últimos diez años, si no entre los dos mejores: Jason Kidd.
El juego de Vince no solo estaba caracterizado por su profusión a la hora de machacar sobre el aro rival, si no que contaba con muchos otros recursos que le permitían cada año mantener buenas medias anotadoras, y de vez en cuando realizar actuaciones tan espectaculares como esta.


Un constante a lo lago de toda su carrera fueron las lesiones. Tales eran estas que solamente una temporada consiguió cerrarla jugando todos los partidos, perdiéndose en algunas un número considerable de encuentros. Así, con el paso de los años Carter fue perdiendo explosividad, que no efectividad. Su gran corpulencia y su envidiable físico en los primeros años le otorgaban innumerables ventajas a la hora de encarar a rivales que jugaban en el mismo puesto que él, sobre todo en el poste, donde su tiro en suspensión era prácticamente indefendible. Pero con el paso del tiempo cada vez ha ido pisando menos la zona, y aún así mostrando una gran fiabilidad desde el perímetro. Sus elevados números en cuanto anotación en su carrera hasta el año 2008 aproximadamente, lo demuestran, manteniendo en cada temporada una media superior a los 20 puntos por partido.
El héroe de Oakland es uno de los jugadores que marcaron mi infancia con esas jugadas en aquel mítico concurso de mates, hasta tal punto que no pude resistirme a agenciarme un ejemplar de su camiseta con los Nets en el año 2005.Quizás haya sido el jugador que por primera vez me hizo interesarme por este deporte. Al ver sus mates en los top 10 de cada jornada, me preguntaba siempre si aquello era posible. Si, ciertamente, el fornido escolta estaba volando por encima de todos los jugadores de la pista, haciendo mates imposibles, dejando su huella para siempre en  la mejor liga del mundo. Pero tras muchos años tratando de conseguir algún título de la NBA en los New Jersey Nets, fue traspasado a los Orlando Magic. Ahí comenzó el declive de uno de los monstruos de este deporte en los últimos quince años.
Con el paso de los años las lesiones, la fama, el dinero y la buena vida han ido rebajando poco a poco sus números, sus prestaciones, sus vuelos sin motor. A pesar de ello, tras varias temporadas vagando por diversas franquicias continúa en activo en los Dallas Mavericks, jugando buenos minutos como suplente. La mediocridad y la desgana se han ido apoderando de este pedazo de jugador  que cada vez ve más cerca el fin de su carrera sin haber logrado ningún éxito. Su caso me recuerda al de tantos otros deportistas que se han dejado llevar por la buena vida, el placer, el vicio...
Ver jugar ahora a Vince Carter es un mero espejismo de lo que realmente llegó a alcanzar este individuo. Poco a poco sus muelles han ido perdiendo potencia, y su capacidad de salto ya no es la que era. Pero claro, el cielo solo está reservado para unos pocos elegidos, para aquellos que a pesar de contar con el don natural, son capaces de mantenerse constantes. Esa es la gran diferencia entre los más grandes y  el resto. En el All-Star del año 2003 Michael Jordan disputaba su último Partido De Las Estrellas como profesional, y el propio Vince Carter le cedió su sitio como titular en este partido. Ese reconocimiento general, ese respeto y veneración es algo que solo los más grandes han sido capaces de lograr.
Vince Carter nunca consiguió ningún título de máximo anotador, ni tampoco ningún MVP de la temporada. Tampoco fue capaz de lograr un anillo en todos estos años, aunque también hay que decir que le ha tocado jugar en una época repleta de estrellas que seguramente pasen a formar parte del Hall Of Fame en  cuanto se retiren .Ahora, en el ocaso de su carrera el de North Carolina mira hacia atrás y no ve una carrera plagada de logros, pero sí que puede capturar ciertos momentos para el recuerdo, que quedaran en la retina de todos los aficionados de este deporte. Yo, personalmente, recordaré con mucho respeto tantos momentos brillantes, mates espectaculares que nos hicieron saltar del sofá y gritar como posesos a las tantas de la madrugada, jugadas estratosféricas que nos pusieron los ojos como platos. Porque Vinsanity no ha sido uno más de las gallinas del corral.
 Alguien dijo una vez “the sky is the limit” .Para El célebre número 15 quizás realmente lo fue, durante un corto período de tiempo en  en los que no ganó prácticamente nada, pero que dejó boquiabiertos una y otra vez haciendo cosas nunca vistas ni imaginadas por ningún otro jugador de este deporte.
Espero que todavía tenga su oportunidad de lograr un anillo. Un jugador que llegó a ser tan descomunal, se lo merece. Aunque ya no sea ni la sombra de lo que fue.

lunes, 29 de octubre de 2012

"Only the strong survive"



 "Set your sights high, the higher the better. Expect the most wonderful things to happen, not in the future but right now. Realize that nothing is too good. Allow absolutely nothing to hamper you or hold you up in any way." A.I.

"I was motivated to be different in part because I was different." A.I.

"Be more concerned with your character than with your reputation. Your character is what you really are, while your reputation is merely what others think you are." A.I.






Como tantos otros veranos quedamos en el parque de mi pueblo para echar unas canastas. Los mismos de siempre, solo que hacía bastante tiempo que no les veía. Desde que había acabado el colegio no tuvimos tiempo de saludarnos una sola vez más. Pero allí estaban, como cualquier otro fin de semana de julio, esperando a que yo llegara (de último como siempre) para poder empezar la pachanga. Todos llevábamos las típicas pintas que se supone que cualquier jugador de baloncesto de la calle debe llevar. Pero sin duda, teníamos envidia de M. M, (no diré aquí su nombre) lucía una camiseta mítica, una elástica que hizo historia en su momento aunque ahora ya no tenga el renombre que tuvo en su momento. Con un número y un nombre que todos los aficionados al deporte de la canasta conocen. Todos queríamos esa camiseta, todos queríamos probárnosla. Cosas de niños.

Hay jugadores en el mundo de la NBA que han marcado una época. Otros, en cambio, han marcado estilo, han sido los primeros  de una nueva generación de jugadores que se rigen por un patrón similar. Quitando a Michael Jordan, que es hablar en palabras mayores, a mediados de los noventa apareció un muchacho de N. Hampton, Virginia que marcó un antes y un después en la forma de jugar a este deporte. Quizás su primera hazaña, considerada por muchos como un descaro y una falta de respeto, y por muchos otros como una auténtica genialidad, es esta.




Como he dicho, raro es el aficionado al mundo del deporte que no conoce a este tipo. Se convirtió muy rápido en un icono, con su estilo de juego, su personalidad, y su descaro. Con una altura de 1,83 y 75 Kg. de peso, Allen Ezail Iverson no era un jugador que se caracterizase por un juego físico ni potente, lo cual no impidió que su principal arma, lo que realmente definía el juego de este crack, era su monstruosa capacidad anotadora, su hambre de canasta, esa actitud de mirar siempre hacia el aro, sabiéndose por encima del resto, a pesar de ser físicamente inferior a la inmensa mayoría de sus contrincantes.
Allen Iverson tuvo una infancia muy dura.Su madre lo tuvo con 15 años, y en sus años de instituto faltaba con frecuencia a clase para cuidar de su otro hermano pequeño mientras su hermana mayor iba a la escuela.Sus amistades en la calle no eran las más adecuadas, y varios incidente graves estuvieron a punto de acabar con su carrera universitaria antes de haberla empezado.Así que decidió empezar a tomarse en serio su carrera como baloncestista como vía de escape, como medio para sacar a su familia de la pobreza en la que había crecido.Quizás todos estos incidentes en su adolescencia forjaron en el una personalidad muy fuerte, acompañada de una firme y exigente ética de trabajo que siguió casi a raja tabla en la universidad y en sus diez primeros años en la NBA.Tras militar dos años en la universidad de Georgetown (saliendo de ella como máximo anotador histórico) dio el salto a la NBA con 21 años en el  histórico draft de 1996 en el puesto número uno. Llegaba a unos Sixers faltos de referencias en ataque, uno de los peores equipos de la liga. Pronto sus jugadas, sus entradas a canasta, sus tiros de media distancia, sus exhibiciones noche sí, noche también iban a enamorar a muchos seguidores de este deporte, que veían en este joven talento un futuro muy prometedor.
Hay un antes y un después de la llegada de Allen Iverson a la mejor liga del mundo. Quizás en ese momento no estaban preparados para un jugador tan desequilibrante, con un manejo de balón tan espectacular, capaz de sentar literalmente a cuantos contrarios se le pusieran por delante. Hasta su llegada nadie había visto a un jugador manejar de esa forma la pelota, con tantos cambios de mano, pasándosela una y otra vez entre las piernas, cada vez más rápido, confundiendo a todos los jugadores rivales. Sin duda era un espectáculo ver jugar a Allen Iverson en aquellos años.

En su primera temporada terminó con unos números estratosféricos, dignos de toda una superestrella: 23.5 puntos (el sexto de toda la liga), 7.5 asistencias, y 2 robos por partido. Estos números fueron razón más que suficiente para otorgarle el premio al Rookie del Año, siendo también seleccionado como MVP del Rookie Game del All Star  Weekend de ese año.
A pesar de estos estupendos números individuales, los Sixers firmaron una temporada desastrosa, y claro, las críticas llovieron sobre el joven y arrogante escolta, tachado de individualista e irrespetuoso por muchos sectores de la prensa americana. En los años siguientes “The Answer” siguió fiel a su estilo, regalándonos a los aficionados momentos para el recuerdo. Y es que pocos jugadores han hecho tan suyo un movimiento como este pequeño jugón. Así como el “sky hook” era el sello de identidad de Abdul-Jabbar, o el “Black Tornado” el de Shaq, el “crossover” lo era de “AI”. Un auténtico “ankle breaker” este chaval. En cuanto encaraba a su defensor, se iba a un lado, se pasaba e balón entre las piernas y salía por el otro todos sabían que eso iba a acabar en canasta. Y así tantas y tantas veces en el mismo partido. Bote, amago, cambio de dirección, tiro en suspensión, canasta .Un movimiento prácticamente imparable.Y es que jugaba  a otra velocidad que los demás. Quizás este tipo haya sido uno de los más voraces anotadores  que ha habido y habrá jamás. En su haber se encuentra el sexto mejor promedio de puntos por partido de toda la historia de la NBA, una auténtica máquina de enchufar, enchufar y enchufar. Y es que son innumerables las actuaciones estelares anotadoras del 3 de los Sixers.

A nivel colectivo los Sixers fueron mejorando campaña a campaña desde la llegada de Iverson, hasta alcanzar la cumbre en las finales del año 2001.En ese año “AI” fue nombrado MVP de la Liga, con unos números de otro planeta: 31.1 puntos, 4.6 asistencias y 2.5 robos por partido. Completando unos brillantes playoffs, los Sixers sucumbieron en unas finales ante Los Angeles Lakers de Shaquille O´Neal y Kobe Bryant, que conseguían así su segundo título consecutivo de la NBA. En esas finales Iverson completó varias actuaciones estelares, pero el solo no bastó para ganar más que un partido a los intratables de oro y púrpura.

Los Sixers nunca volverían a alcanzar ese nivel, aunque el de N.Hampton no bajó en sus promedios ni en sus estadísticas anotadoras en las siguientes temporadas.  Pero tras varios años de polémicas y malos resultados tanto en playoffs como en temporada regular los Sixers decidieron traspasarlo en el año 2006 a los Denver Nuggets. Tras diez años en la franquicia de Philadelphia el hijo pródigo, el jugador más querido por la afición  se iba del equipo que le dio todo, y por el cual lo dio todo. Como muchas otras estrellas, su mayor virtud, era a la vez, su defecto. Su gran capacidad anotadora le hacía acaparar demasiado juego, minimizando en muchas ocasiones la aportación de sus compañeros, siendo tachado de chupón en múltiples ocasiones. Pero Allen Iverson no sería Allen Iverson si no se jugara 20, 30 o 40 tiros por partido, alcanzando medias de 30 puntos por partido , haciendo fácil lo imposible. Sin ese carácter tan particular, sin esa visión de que nadie estaba nunca por encima de él, sin habérsela clavado “en la cara” a todo bicho viviente al que se enfrentó, sin romper todos los tobillos y caderas que rompió,sin haber revolucionado el mundo de la canasta  hasta el punto de ser el primer escalón de una generación en la que nacen un gran número de bases que siguen sus pasos, no sería Allen Iverson.
Tampoco sería Allen Iverson sin esa imagen que  siempre ha dado de sí mismo. Quizás fue Jordan el que llevó el baloncesto a nuestros hogares desde USA a mediados de los 80, pero fue “The Answer” quién popularizó la estética de  las muñequeras, zapatillas, tatuajes… fue él el primero en llevar el estilo “playground”, a la mejor liga del mundo. La cultura hip-hop llegó con él , hasta que David Stern sacó un código de conducta por el cual se obligaba a todos los jugadores a acudir perfectamente vestidos a los partidos, prohibiendo los típicos pantalones anchos, las chupas de béisbol, las cadenas, los colgantes, las gorras…Iverson fue el más radical detractor de estas medidas. Y es que el carácter de este pequeño escolta le hizo verse envuelto en diversos altercados a lo largo de su vida deportiva, relacionados con drogas, armas, y disputas extradeportivas. Su historial es tan extenso como sus éxitos individuales en la NBA.

 Desde su salida de Philadelphia las lesiones fueron aumentando en cantidad y gravedad, por lo que desde la etapa en los Denver Nuggets fue vagando por diversos equipos, en los cuales, a pesar de sus limitaciones físicas provocadas por las lesiones que arrastraba a lo largo de su carrera, no fue capaz de asumir y aceptar un rol secundario. En 2010 los 76ers volverían a hacerse con sus servicios, generando un gran impacto inicial con el regreso del hijo pródigo. Pero Iverson ya no era el mismo que seis años atrás. Tras un breve paso por Turquía en 2011, Iverson se ha llegado a plantear la retirada, y ni él mismo sabe cuando volverá a jugar de forma profesional a este deporte. Quizás nunca .A los fans más acérrimos de este tipo siempre nos quedarán sus vídeos, sus dribblings, su descaro…Pero sobre todo esa personalidad que le llevaba a estar siempre en contra de todo, a tirar 40 veces por partido, a marcar un estilo, a bailar al mismísimo Michael Jeffrey Jordan en su año de rookie…Puede que nunca haya ganado ningún título de campeón de la NBA, pero muchos otros grandes tampoco lo han conseguido(Barkley, Pat Ewing ,Vince Carter, John Stockton, Dominique Wilkins, Pete Maravich, Reggie Miller…)y no por ello dejan de estar en nuestro particular Olimpo de los dioses del deporte. Y Allen Iverson figura entre las deidades a las que rindo culto a la hora de entrar en la cancha.
M, si estás leyendo esto, que sepas que la camiseta que llevas buscando meses, la misma de la que he hablado al principio de este texto, la usa un servidor casi siempre que baja a jugar al basket en la universidad. Le he dado buen uso pero no te preocupes, ha sido tratada con todo el cuidado que se merece. Al fin y al cabo, gracias al tipo cuyo nombre aparece a la espalda de la misma forjamos una buena amistad desde jovenzuelos. Una amistad comenzada con aquellas conversaciones sobre “The Answer”: Allen Iverson. Y es que un tipo así no se olvida fácilmente. Genio y figura. Hasta la próxima semana.








martes, 23 de octubre de 2012

Los buenos perfumes , en frascos pequeños.



"Decían que esto del basket era cosa de centímetros.” Nach

 “Pasará su nombre como agresor a la cultura dominante, como un burlador a la ortodoxia y un estafador de las reglas del juego. Similar a la lucha del graffiti por abrirse hueco en el Arte su figura lo ha hecho ya como figura de culto, alguien cuya mejor versión, de apenas segundos, refrescó el sentido mismo del jugador cuando éste corría a caer sepultado bajo toneladas de músculo defensivo. Incluso una lectura sociológica actúa en su favor: Williams llegó a convertirse en el primer icono blanco que una joven generación de negros había conocido.” ABC 

“El tío blanco más divertido que jamás he visto.” Shaquille O´Neal

A diez minutos de mi casa hay en mi pueblo hay una cancha de basket donde casi a diario mucha gente del pueblo acude a echar unas canastillas, unos “one-on-one”, unas pachanguillas. Siempre que paso por delante me paro y, discretamente, echo un ojo a los que allí se agrupan, esperando que alguno de ellos me sorprenda. Por lo general en estas canchas callejeras encuentras de todo, pero los jugadores realmente atractivos para el que observa son los jugones, los magos del balón. Jugadores que destacan por su calidad, su creatividad, su estilo único, inconfundible. Esa clase de tipos que te sacan una sonrisa después de cada jugada y hacen qué te digas a ti mismo: “joder, ¡qué bueno es este chaval!”Lo esencial en estas disputas no es ganar, meter más canastas, o coger más rebotes. Lo que más suele llamar la atención del baloncesto callejero es esa creatividad y originalidad tan características. Y no solo en la cancha de mi pueblo.Cada vez que paso por delante de una, en cualquier lugar, busco esa magia, esa chispa, esa salsa, ese descaro, esa mezcla perfecta que solo algunos privilegiados han conseguido alcanzar en su juego, hasta conseguir convertirse en jugadores únicos en su especie. Esa clase de tipos que hacen que te paras y te dices a ti mismo: ¿pero quién demonios es este tío? Es una estirpe de jugadores diferentes, por lo general incomprendidos, generan odios y levantan pasiones por doquier. Tipos controvertidos, que no dejan indiferente a nadie. Esa clase de jugadores que los odias o los amas.

 Hoy estoy aquí para recordar a uno de esos cracks .Un tipo con el cual, como dijo Antoni Daimiel, “está justificado el abono de toda una temporada”.Un tipo que levantaba al público en cada jugada, en cada pase.Un tipo que poseía esa rebeldía y ese descaro que provocaban que su Universidad le suspendiera de por vida por consumo de drogas blandas, pero que en un partido del All Star es capaz de hacer cosas como esta.


Nunca el estilo de juego de un tipo estuvo tan bien sintetizado en tan poco tiempo. Andrés Montes, muy proclive a poner apodos a todo jugador de la NBA en su época de comentarista, le bautizó con el apodo de “Chocolate Blanco”.Y razón no le falta.Con el espíritu del “playground”, de las canchas del Bronx, de Rucker Park, no dejó a nadie indiferente. Jason Williams es uno de esos genios incomprendido y únicos del mundo del baloncesto. Su relación con la prensa no fue lo que se suele decir muy fluída, ya que apenas concedía entrevistas o explicaciones de lo que hacía, y eso en la NBA, que es una institución tan abierta al
público que hasta permite a las cámaras entrar en vestuarios, choca bastante.

Su carrera en el baloncesto universitario fue, cuanto menos, ajetreada. Pasando por las universidades de Marshall (West Virginia) y Gainesville (Florida) consiguió unos números muy buenos, con 13,4 puntos y 6,4 asistencias; y 17,1 puntos y 6,7 asistencias por partido, respectivamente. Tras varias suspensiones previas, la NCAA decide sancionar de por vida al jugador, por reincidencia en el consumo de drogas.Pero el show no hacía más que empezar para “J-Will”. En el llamado “año del asterisco”, Jason Williams es elegido en el puesto número siete del draft de 1998.Tras la segunda y gloriosa retirada de Michael Jordan, la NBA se quedaba coja.Pero dos jugadores la iban a levantar de nuevo, gracias a su juego espectacular, uno por sus
mates, otro por su magia y descaro.

Los Kings de la era Jason Williams enamoraron a toda la liga.No solo ganaban, si no que además hacían un juego vistoso, alegre, fresco y divertido a la vista.La apuesta por Williams como base titular fue muy arriesgada y puesta en duda por muchos críticos y periodistas de la NBA, viendo el historial del jugador, y sus evidentes carencias defensivas. Pero nada más lejos de la realidad. Dirigiendo a la perfección a un equipo joven, el hecho de la falta de experiencia pronto quedó a un lado, ya que los Sacramento Kings de Divac, Webber Stojakovic y Jason Williams mostraron una consistencia digna de los más grandes. Y una capacidad de dar espectáculo fuera de lo normal. Por muchos detractores que tuviera, “Chocolate Blanco” consiguió ganarse al público, incluso a los de raza negra, que veían como un chiquillo rubio con cara de bueno de West Virginia conseguía levantarles de sus asientos en cada jugada,y era capaz de hacer cosas solo al nivel del mismísimo Allen Iverson, un jugador también único y diferente. Su estilo atrevido e imprevisible fue comparado con el de otro playmaker de los años 70, el legendario “Pistol” Pete Maravich, famoso por sus pases imposibles, su ingenio y su astucia a la hora de jugar este deporte. Rara era la vez que "J-Will" no aparecía en el Top 10 de las mejores jugadas de la noche, o de la semana. El y otro monstruo como “Vinsanity”, claro.

¿Sus números? Los más académicos, sus críticos, suelen basar sus argumentaciones en que su tiro no era el mejor, que perdía muchos balones al arriesgar tanto, que era indisciplinado… Puede que tuvieran razón.Es cierto, los números de Jason Williams dejan, a primera vista mucho que desear.En los tres años que militó en los Sacramento Kings promedió aproximadamente 12 puntos y 6 asistencias ,en su etapa más espectacular y creativa como jugador de la NBA.Su mejor temporada, en cuanto a números, nos muestra unos promedios muy buenos pero no espectaculares: 15.4 puntos, 3.1 rebotes y 8.4 asistencias en los Vancouver Grizzlies en la temporada 2001/2002.Y el promedio de su carrera tampoco es nada fuera de lo normal, con 11.4 puntos y 6.3 asistencias por noche.Como he dicho, tampoco era un buen defensor,y su arriesgado estilo provocaba que un gran número de perdidas de balón de su equipo. La verdad no es un dato revelador el ver los números de este tipo para hacerse una idea de lo que significa en el baloncesto actual. Su influencia ha trascendido a otros deportes, como el fútbol. Djalminha, una de las estrellas del Súper Dépor que alcanzó el título de La Liga Española en el año 2000 declaró que el se inspiraba viendo a Jason Williams. Sin duda dos jugadores, cada uno en su deporte, geniales, controvertidos, y polémicos hasta decir basta. En una época donde el baloncesto estaba dominado por el físico, la altura, la potencia, aparece un tipo bajito, habilidoso, imaginativo, con una capacidad de improvisación fuera de lo normal, un blancoadmirado por los jugadores de raza negra, un jugón como pocos. Un tipo que ni quiere ni se deja querer. Para mí, Jason tiene la misma esencia que otro crack del fútbol, pero este del Real Madrid, otro de esos tipos mágicos, introvertidos, que te dejan boquiabierto en apenas décimas de segundo, con un simple taconazo, ese toque de seda de balón. José María Gutiérrez “Guti”, pertenece también a esa clase de jugadores imprevisibles, que nunca te sabes por donde va a salir, ni lo que va a hacer, ni con lo que va a sorprender,capaces de dejar detalles para la historia, como aquel taconazo en Riazor, equiparable al pase con el codo de "Chocolate Blanco". Quizás esta actitud y su estilo de juego, que a pesar de ser tan vistoso no dio tan buenos resultados como se esperaba, llevaron a los Kings a tomar la decisión de traspasarlo en el año 2001 a los Vancouver Grizzlies, donde formó un tándem imparable con Pau Gasol,alcanzando Playoffs varias temporadas seguidas, sin pasar de primera ronda. En esta etapa y en los posteriores años en Miami Heat, Orlando, y de nuevo los Grizzlies quizás mejoró mucho en su aspecto defensivo, cometiendo menos pérdidas que nunca, pero claro, con un juego no tan vistoso como el exhibido entre 1998 y 2001 en los Sacramento Kings.Tras varias lesiones y breves estancias en diversas franquicias de la liga se retiró a los 35 años en el 2011, debido a problemas de espalda.

 Que toda una generación de espectadores de raza negra acaben por fijarse en ti y reconocerte como "uno de los suyos" a pesar del color de piel es algo que tiene mucho mérito, ya que las distancias entre ambas razas estaban bastante acentuadas todavía. Para los negros americanos, que consideraban que solo ellos podían competir al baloncesto a un alto nivel, ver a un tipo bajito lleno de tatuajes hacer cosas que ni a ellos mismos se les había ocurrido, les chocó demasiado. Pero les gustó. Quizás solo haya ganado un anillo de campeón, y sin ser la estrella del equipo, pero para nosotros los aficionados del basket,de las "changas" de la calle, del barrio, lo importante es que nos ha dejado momentos para el recuerdo ,jugadas estratosféricas e imposibles. Y sobre todo, ha conseguido lo que el quería: que cuando alguien comenzara a jugar al baloncesto dijera: “Yo quiero jugar como Jason Williams”.

 Quizás hoy día el más parecido a lo que llegó a ser este tipo es Ricky Rubio.Pero aun así, todavía me detengo por una de esas canchas observo a los chicos que juegan, con la esperanza de ver algún día un chaval rubio, flacucho, tatuado, con el número 55 a la espalda ,cuyo reflejo sea como el de otro que hace catorce años entró en la NBAy entendió entendió perfectamente de lo que iba aquel negocio, entendió que era lo que le gustaba ver a la gente.Y,siendo el mismo, se convirtió en uno de los iconos de la liga la última década.Y tan solo ofreciendo una cosa :espectáculo, mucho espectáculo.

Os dejo con alguna que otra muestra de lo que este tipo hizo en su carrera.Aunque ya lo conocéis espero que lo disfrutéis igual.Saludos.