La semana pasada viendo a Lebron James me di cuenta de que
una estrella de esa magnitud marca época de tal forma, que los otros cracks de
la liga se ven muchas veces involuntaria e inevitablemente eclipsadas por ella.
Quizás dentro de veinte años, cuando este tipo o Kevin Durant (los dos
jugadores más trascendentales y dominantes de la liga actualmente) se retiren
los que solo puedan disfrutar del ocaso de su carrera no recordarán que en esta
década ha habido otros jugadores de una calidad asombrosa, con unas cualidades
excepcionales, pero que por el hecho de no haber ganado nunca un anillo de
campeón de la NBA (doy por hecho que KD ganará al menos uno antes de retirarse)
seguramente su imagen se vea infravalorada. Por eso habitualmente cuando
hablamos del baloncesto de los años noventa tendemos a pensar en una única
figura, un tipo que dominó la liga como ningún otro hasta entonces, cuyo
talento ensombreció a otros cracks de la liga.
¿Qué habría pasado si
un tal Michael Jordan nunca hubiera jugado a este deporte? Es algo que
no podemos saber, lo que está claro es que no podemos olvidar a hombres que,
con equipos más pequeños, con menos cualidades que este superdotado han
plantado cara y han luchado duro para
ganar e intentar coronarse campeones de la NBA. Es el caso del que hoy quiero
hablaros, un tipo no demasiado fuerte, ni demasiado rápido, pero que con pillería y descaro se labró una reputación
más que merecida. Muchos le consideran el mejor tirador exterior de todos los
tiempos (con permiso de Mr. Ray Allen), que con un equipo pequeño consiguió
plantar cara a una de las cunas del baloncesto americano, y también al mejor
jugador de todos los tiempos. Hoy quiero hablaros de Reggie Miller.
La figura de Reggie Miller siempre se ha visto despreciada
en múltiples y estúpidas comparaciones a lo largo de su carrera. Criado en
Riverside (California), Reggie aprendió
a jugar al baloncesto con su padre y su hermana Cheryl, la cual brilló con luz
propia en su época de instituto y en la universidad, llegando a anotar más de
cien puntos en un solo encuentro. Cheryl Miller es considerada una de las
mejores jugadoras de baloncesto de todos los tiempos, ganando la NCAA en dos
ocasiones y diversos títulos individuales. En los partidos en el Madison Square
Garden, debido a la gran rivalidad que había entre Indiana y New York a Reggie le cantaban “Cheryl, Cheryl” cada vez que jugaba en esa
cancha.
Pero lejos de esconderse, Reggie Miller aprendió de
aquellas palizas que su hermana le daba de joven, y aprendió a emplear sus
virtudes más a menudo, a imponer su juego.
Pronto comenzó a ganarse fama de ser un gran tirador en la universidad. Con
un físico no muy exuberante, Miller era lo que se puede considerar un “tirillas”.
Pero con el paso de los años se fue destacando en el instituto, y más tarde en
la NBA como un tirador mortífero y decisivo, uno de esos jugadores que se
convierten en una auténtica pesadilla jugar contra ellos.
Siendo elegido número dos del draft de 1987, “Miller The
Killer” fue seleccionado por los Indiana Pacers donde pese al poco entusiasmo
inicial mostrado por los fans, pronto se consagraría como el ídolo de la
ciudad. Sobre todo debido a las encarnizadas batallas que a mediados de los
noventa disputarían con los New York Knicks. Y digo batallas porque eso es lo
que eran realmente. La rivalidad era tremenda. New York e Indiana son
consideradas como dos de las cunas del baloncesto americano: La Gran Manzana,
con el estilo callejero y “playground” de la calle; y la pureza técnica y disciplina
del baloncesto de Indiana. La gran ciudad cosmopolita contra los fundamentos y
la seriedad de los humildes y trabajadores Pacers.
Y es que los jugadores de las dos franquicias marcaban a
fuego en el calendario los días en los que se enfrentaban ambos equipos.
Ganarles los unos a los otros se convirtió en la prioridad de cada año. Y si
podía ser en playoffs mejor que mejor. Fue entonces cuando Reggie Miller dio un
paso al frente para convertirse en la bandera y el estandarte de unos Pacers
que con la llegada de este genio pudieron, por fin, mirar cara a cara a los de
la Gran Manzana.Los partidos entre estos dos equipos se convirtieron, en
palabras de los propios jugadores, en auténticas batallas. Y en ese terreno
Reggie se movía como pez en el agua. El escolta de los Knicks, John Starks,
temblaba cada vez que tenía que vérselas cara a cara contra este individuo. En
cada choque entre ambos, Miller se dedicaba a calentarle la oreja al bueno de
Starks, un jugador físico, trabajador y serio, pero que a la mínima entraba al
trapo. A Reggie le encantaba incordiarle todo el partido. En varias ocasiones
Starks no pudo contenerse y no fueron pocos los incidentes que hubo entre
ambos, en los cuales casi siempre Starks salía perjudicado, hasta siendo
expulsado en una ocasión, en la cual Reggie simuló una agresión por parte del escolta de los Knicks.En palabras de Patrick Ewing, Reggie Miller era "un timador de primera".
Reggie llegó a reconocer que antes de los partidos
incluso se pasaba un buen rato pensando en lo que podría decirle a su defensor
para sacarle de quicio. Ni siquiera el mismísimo “Air” Jordan fue capaz de
evitar que se le cruzasen los cables con este singular personaje. Y eso que
Michael también era de los que calentaban la oreja a los rivales durante el
partido.
Debido a esta actitud, en New York el odio hacia Reggie
Miller era más que notable. Las sonoras pitadas con las que el mítico público del Madison Square Garden
recibía a nuestro protagonista se hicieron habituales. Pero lejos de arrugarse,
siempre pareció que Reggie buscaba esa presión , que con ella jugaba mejor, que
cuanto más le pitaban, cuanto más le increpasen, más triples iba a enchufar. Uno
de los ejemplos más conocidos de esto viene de los Playoffs del año 1994. El
director de cine Spike Lee, conocido y fiel seguidor de los Knicks, no había
parado de molestar a Reggie desde el lateral de la pista durante toda la
eliminatoria. Tras tres cuartos horrorosos y desacertados de Reggie Miller,
Spike estaba más que exultante, llegándole a decir frases como “date una ducha
fría” o “deja de arrastrar los pies”. Reggie no dejaba de mirarle. Y entonces comenzó un festival anotador de nuestro
protagonista: cada alón que tocaba acababa en canasta. Y cada vez que
encestaba, miraba fijamente a Spike Lee, que no tenía donde meterse. 25 puntos
en el último cuarto para darle la victoria a los Pacers en el Garden. Al día
siguiente algunos diarios de la ciudad responsabilizaban a Spike de la derrota.
Y es que para muchos, las palabras de Spike no inspiraban a los Knicks:
inspiraban a Reggie Miller.
Si algo ha caracterizado a Reggie Miller son las canastas en momentos decisivos. Conocido como “Miller The Killer”, el californiano era de esa clase de jugadores a los que no les quema el balón en las manos en los momentos decisivos. Buena muestra de ello, es esta inverosímil actuación en una de sus múltiples batallas contra los Knickerbockers.
¿Increíble, verdad? ¿Y qué me dicen de esta otra?
No se puede tachar a este jugador de no haber dado la cara. Siempre supo asumir las responsabilidades que conllevaba ser la estrella, la imagen, el estandarte de la franquicia. Pero siempre se quedaban a las puertas de las Finales. En el año 2000 llegó su oportunidad. Pero unos jóvenes Lakers dirigidos por Phil Jackson y con Shaquille O´Neal y Kobe Bryant en estado de gracia se les antojaron imparables. Reggie completó unos Playoffs más que notables, anotando 24 puntos por partido.
El 10 de febrero de 2011 Ray Allen anotó su triple 2561,
convirtiéndose así en el jugador con más triples anotados en la historia de la
Liga, arrebatándole el récord a un Reggie Miller que se encontraba comentando
el partido desde el lateral de la pista. Al siguiente tiempo muerto de que “Ray
Ray” superase a Reggie, el propio Allen se acercó a Reggie fundiéndose ambos en
un cálido abrazo. El alumno, en cierto modo, había superado al maestro. No sin
motivo, Ray Allen es considerado por muchos como el mejor lanzador de todos los
tiempos (también en cuanto a estética y mecánica de tiro), pero él siempre ha
reconocido que sin la inspiración de Reggie , si no hubiera existido un jugador
así, jamás habría perfeccionar su tiro de tal forma.




He leido y acepto los terminos de uso.
ResponderEliminarSabía que le iba a gustar ;)
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